jueves, 29 de octubre de 2020

 

He inventado encuentros anónimos inesperados para con ella. Era la mejor manera que tenía de sujetar su mano haciéndole creer que la vida era bonita, buena y justa. Y, aunque el mundo se estuviera cayendo en pedazos, era mi forma más sutil para decirle: "te quiero, y prefiero quedarme aunque me duela y no suela salirme del todo bien". Sí, lo reconozco. Mi necedad siempre a sido el hilo conductor de mis locuras.

Una mañana lluviosa de otoño, tras una noche de insomnio clandestino, salí de casa demasiado temprano. Llevaba un paraguas en la mano y una naranja en mi bolsillo. No tenía rumbo fijo. Me dediqué a vagar por las calles de mi pequeño pueblo marinero. En la mirada podía sentir, perfectamente, el peso de la tristeza. Una tristeza transparente, sin forma concreta e inalcanzable, cómo el agua que caía sobre mi paraguas. Pero, ¿Por qué debería de estar triste si, solo yo, era capaz de despertar la gata que lleva dentro inventando esos encuentros anónimos? Pero yo no pensaba en ese detalle. Estaba ensimismado en los silencios de ella, tras descubrir el anonimato de la tenecidad que despertaba en mi alma. ¿Se le habría comido la lengua la gata? ¿Se le habría mojado el coño? ¿Antes o después de haber saciado su curiosidad? A saber, eso quedó para la noche.

Absorto en esos pensamientos, vagando por las antiguas callejuelas de mi pueblo, inmerso en la lluvia, acabé en un pequeño mirador, cerca del muelle, debajo del faro que protege a los barcos de los arrecifes y dónde se suelen congregar los viejos pescadores para ver la salida de sus antiguos compañeros de oficio. Un auténtico espectáculo, vamos. Esa mañana, al levantar la vista, tansolo me topé con un hermoso colibrí. Batía sus alas a gran velocidad, cómo mi corazón al verlo, a pesar de la fría agua que estaba empapando nuestras alas. Si es que, ningún pasado debería quitarnos las ganas de futuro, pensé. Los barcos estaban dispuestos en batería, esperando el disparo de salida para poder hacerse con la mejor parcela de pesca. Me senté en un banco y pelé la naranja que saqué de mi bolsillo. Empecé a comérmela lentamente, recordando el sabor de las naranjas de mi infancia, aquellas naranjas enormes de piel dura, que dejaban un suave aroma al acabar. Miré la mía con desagrado. No sabía igual. Ya no hacen naranjas como las de antes. Disgustado, la dejé en el banco y quise retomar el camino a casa. Pero, en ese preciso instante, en mi cabeza revoloteó, cómo las alas de aquél hermoso colibrí, una sola idea: "lo mejor, es que los buenos recuerdos sigan siéndolo." Y así lo hice. Cogí lo que quedaba de naranja y me precipité al vacío con ella, en el mismo instante que se escuchaba el disparo de salida sobre aquellos arrecifes.

Así logré mantener esa distancia justa para con ella. Esa que ni nos aleja, ni nos separa. Esa misma distancia que mantiene unidos a todos los buenos recuerdos, sempiternamente...




domingo, 11 de octubre de 2020


Nunca dejará de sorprenderme como el azar redirije nuestras vidas. No se trata de intentar responder nuestras dudas existenciales, sino, de saber aprovechar las respuestas que nos ofrece el destino. 

Recuerdo, perfectamente, cuando me dio la espalda sin un adiós forzado. No supe si mirarle la coleta o el culo. ¡Qué culo, dios! Pero, aún así, hizo que me sintiera como el niño que se quedó esperando a sus padres a la salida del colegio y nunca nadie fue a buscarlo y, como el tuerto al que nunca le preguntaron si se siente rey en un mundo de ciegos. Sé que cada uno siente las emociones según su edad y yo, siempre he sido un necio bebé. Me escondí detrás de una cortina de humo con el corazón roto. Aprendí a recrearme en el amor del desamor llorando en letras y, fue la única manera, de volver a bombear sangre a mi destrozado corazón. Aprendí que la felicidad no depende de terceras personas pero sí, que la empatia hacia terceras personas, te hace querer ser feliz. La empatia es una bendición del alma humana.



Por eso no voy a olvidarte nunca... 



jueves, 24 de septiembre de 2020

 ¿A qué huelen los sueños? ¿Qué forma tiene el aire? Y, ¿el agua? ¿A qué huele el deseo? Y, ¿las ganas?

Qué puede parar al Sol... Y, ¿a la luna?

Siempre hay razones que nos hacen enloquecer. Así pasaba las noches enteras desde su partida. Intentaba darle forma al agua, a las ganas y a la luna en el refugio de mi alma. Me había encerrado en el castillo de quién creía ser. Murallas infranqueables había reconstruido y, sin darme cuenta, en la necedad de mi existencia, había entrado en un bucle autodestructivo. Las bastas paredes empezaban a tomar un color verde amarronado, de tanta humedad que habia derramado en forma de lágrimas. Me asfixiada. Pero, en el último suspiro agónico, conseguí salir a la superficie, sin esperanza alguna, de encontrar respuesta a todas mis estúpidas preguntas. No somos conscientes, de lo arraigados que estamos a la vida, hasta que escuchamos afilar la guadaña.

Al alba siguiente, al pasar por delante del espejo y, ver reflejado en él, un espectro con mi misma cara, se apoderó de mí la nostalgia de quién fui en antaño. Esa tristeza acabó por derramar mi último aliento, y me hice una promesa: resurgir. Resurgir a pesar de saber que soy libre de mis propias elecciones, pero no de las posibles consecuencias. Me enfundé en mi coraza de hielo y, con una sonrisa, decidí pasear por el hipócrita bosque sombrío de la vida. No vivimos, se aprende a sobrevivir. Las sombras no desaparecían a pesar de mi actitud, sino que, tomaban un color aún más plomizo. La utopía es solamente un estado mental. Cansado, me senté al pie de un viejo árbol y, mientras estaba de nuevo ensimismado en mis estúpidas preguntas, escuché un ruido sordo. Era una música mística. Celestial. Abrí los ojos y cerré la mente. Era una imagen difusamente limpia la que se apareció delante de mi. Un aro de fuego la envolvía y, en su interior, el agua, las ganas y la luna, daban forma a un cuerpo de mujer. No, no era un trisquel cómo pensé en un primer momento, era una princesa . Una Princesa de fuego, dueña de su destino, vestida de ninfa y sensibilidad. Me quedé absorto viéndola cómo se acercaba a mí, danzando al son de la música que emitían los latidos de su corazón, en forma de tambores tribales. Se detuvo enfrente de mí. Extendió su mano y, con un beso en forma de caricia, posó sus dedos en mi cara. Sentí, cómo su calor, derretia mi coraza de hielo, dándole forma al agua. Las orejas se me empezaron a alargar, mis extremidades pasaron a ser patas, los colmillos se me desarrollaron al igual que mi hocico y, el cuerpo entero, se me cubrió de un espeso pelaje blanco. Sí, me había convertido en un lobo. Sí, me había propuesto resurgir, lo que aún no era consciente de las consecuencias que acarrearía. Nos mirábamos fijamente a los ojos sin decir palabra alguna. El raciocinio se hubo convertido en demencia. La demencia en deseo. Y el deseo, en esas ganas que te duele hasta el último átomo de cada puta célula de tu cuerpo. Y, cómo si de un conjuro se tratará, me susurró al oído: "Thig crìoch air an t-saoghal, ach mairidh gaol is ceòl". Desde entonces soy esclavo de la luna.

Aunque, desde aquel día, a pesar de darles razones a mi locura, sólo me cabe una duda. Estaba seguro de que las puertas del cielo y las del infierno dependían de sus piernas. De lo que dudaba, era de si cuándo las abría al cielo o cuándo las cerraba al infierno, o al revés...





viernes, 18 de septiembre de 2020

 

Acaricio con la yema de mis dedos y los ojos cerrados, las ondulaciones que dibuja su pelo castaño oscuro. Me imagino el vaivén de las olas del mar: un mar dónde quisiera naufragar. Abro los ojos y me encuentro con su mirada azul aguamarina, y me falta el aire, me ahogo. Es una mirada tímida la suya. Una mirada limpia. Dónde se aprecia perfectamente la fortaleza de su alma. Y, ¿qué cómo puedo hacer esa afirmación? Porque, la timidez de su mirada y su vocación profesional, es la perfecta antítesis que engloba la perfección. Ella es fuerte y con determinación. Ella es humana. Y, como humana que es, lleva dentro todos los demonios. Aún así, deja de lado el egoísmo y empatiza con los más necesitados.

Sigo deslizando las yemas de mis dedos por encima de sus desnudos hombros. Sólo una tira fina de color rojo, que sujeta su pijama, los cubre. No, no es negro y de encaje, pero me encanta. Y ella también lo sabe. Y no porque sea del mercadillo y tiene más de diez años y Koda había dormido encima de él antes de ponérselo y deja ver las nalgas de su culo, no... (bueno, un poco sí) es por el porte y elegancia con el que lo luce. Y ella lo sabe. Conoce, perfectamente, el poder imnotizador que ejerce sobre mí, y sobre cualquier hombre si se lo propone. (lo descubrió con 17 años). Sé, también, que sin pretenderlo ella, se ha adueñado del poco raciocinio que me quedaba. Ella no lo sabe, pero ya se lo digo yo: hacía demasiado tiempo que no encontraba otra mejor manera de perder la razón. Y, para prevenirme de tu futura avaricia, decirte que: el problema no es que te vayas, es que lo hagas y consigas ser feliz, porque solamente en la felicidad se olvida. Y que me olvides, créeme, es como morir un poco. Igual que cuando pasan las horas, y no veo una erre. ¿Eres consciente de lo feliz que me haces al ver una erre instantánea?

Aparto la fina tira roja que cubre sus delicados hombros y, cae al suelo su pijama. Está preciosa desnuda. Nunca he visto tanta grandeza en un metro cinquenta y siete de estatura. (uno sesenta y cinco con tacones). Ya se que estarás pensando que nunca duermes sin ropa interior, pero, éste es mi manuscrito y sueño en letras. Me acerco a su oído y, con un mordisco en el lóbulo izquierdo, le susurro todas las ganas que despierta en mí. Me contesta con un guantazo. Y un beso desesperado...








jueves, 10 de septiembre de 2020

 La verdad, no creo que haya hecho las cosas mal. No me asusta pensar en tu partida, jugué mis mejores cartas. En mi defensa puedo alejar que nunca dejaste de importarme, sólo te dejé de molestar.


Dicen que hay cosas que no se pueden cambiar, hay que tener valor para cambiar las que sí se pueden y sabiduría para distinguir unas de otras: a mi me falla lo de la sabiduría.

Estoy creciendo y aceptando con un poco de dolor entre los hombros, que a veces lo que quiero, puede no ser lo mejor para mis planes. Tal vez haya otras músicas que no he escuchado, historias para escribir y el alivio de una tranquilidad entre ecos del vacío que implica estar solo.




miércoles, 26 de agosto de 2020

 

Vivimos en un caos permanente. Con rumbo abstracto y certezas etéreas. Unos no tienen patria, como si ser patriota de uno mismo fuese la solución. Otros celebran el 9-N alemán , otros su 1-O catalán, como si el odio y el egoísmo fuese la única manera de comulgar con nuestra existencia.

Pero, a veces, se produce el milagro de que la atracción sentimental supera, con creces, en intensidad a la física. Y te enamoras. Te vuelves adicto. No dejas de pensar y hacer lo posible, para perderte en cualquier rincón de su cuerpo, al que tú llamas hogar, y rezas, para que nadie más vuelva a encontrarte.

¡Pero cuidado! Es una catana de doble filo, ya que, hay recuerdos que te apuñalan, y otros, te acarician. Al igual que hay momentos que duran toda la vida. Y sí, fue un momento, pero la voy a desear sempiternamente.

Yo sí tengo patria.
Mi patria eres tú...










domingo, 23 de agosto de 2020

 Una foto suya cayendo con los brazos abiertos, fue la causa de mi derrota. El silencio de mi alma empezaba a dar sus frutos. Empezaba a respirar mejor, aún, teniendo por costumbre, recrearme en el baúl de mis recuerdos de cuando su deseo me pertenecía.


Nunca dejará de sorprenderme, a mi pesar, de cómo se puede desear tanto, en la distancia, a ciegas, a alma abierta... Es entonces cuando dejas de ser tu mismo, al desear así, irracionalmente, para ser un nosotros, con ella, la dueña de mi locura. ¡Vamos, no me jodas! ¿Cómo no puede uno imaginarse ahí abajo, esperándola con los brazos abiertos, si no eres un jodido necio y, loco, poseído por éste desvarío?

Sí, juro que me revelé. Me revelé con todo mi ser. Saqué de nuevo todo lo que callaba desde hacía ya más de siete lunes. Nunca sabré si era lo que esperaba, ni tan siquiera, si se le llegó a mojar el coño, pero de una cosa estoy totalmente seguro. La quiere. La quiere con locura a Yaiza y, eso es lo único que calma mi ira, aunque la envidie, a Yaiza, por tener su amor incondicional, su protección y toda su alma.

Más, hoy por hoy, no puedo decirle nada  más a la dueña de mi deseo, cuando ya no espera nada más de mí. Sólo darle infinitos besos desde mi conciencia. Pero, a Yaiza, sí puedo regalarle, desde mi más humilde castidad, ésta hermosa canción...

Otro beso, pequeña gran revolución... 


miércoles, 12 de agosto de 2020

 

Hoy he madrugado. Y llamo madrugar a cualquier discusión con el despertador. He preparodo café. Enciendo el televisor. Mujeres acosadas, otra vez. Asesinadas. Un mar lleno de gente con miedo. Unas fronteras de mierda, unos líderes de mierda, unos principios de mierda. Lo de siempre, vamos. Por ahora. Aparece un anuncio de Dentalitas. No puedo evitar acordarme de mi joven y viejo amigo. Algo loco y necio, pero, me siento tan cómoda estando con él. Tiene temas variopintos. Habla siempre en un tono tan embriagador: la verdad es que lo aprecio muchísimo. Es de aquellos soñadores que dibujan, con una facilidad, constelaciones en noches blancas.

Recuerdo que en su día me habló de su pequeño. Era supernumerario, dientes de más. Me lo contó muy preocupado, no por lo estético que podría resultar parecer una piraña o tiburón, sino, por la intervención quirúrgica que ello conlleva. ¿qué podría yo decir ante tal preocupación? Nada, me limite animarlo: "todo saldrá bien, verás". No dijo palabra alguna, en sus ojos vi un mar a punto de estallar en lágrimas. Respiró hondo. Me devolvió la mirada y esbozó: "¡gracias!". No fué un gracias políticamente correcto, no. Fué un gracias que le salió del alma y, al pronunciarlo vi cómo ese mar de sus ojos desapareció al instante, dando paso a unos ojos de eterna gratitud, con un brillo que bien podría a ver deslumbrado a un topo.

Estos casos y, más a cierta edad, se tienen que tomar con calma. Requiere anastesia general: ¿cómo puede sentirse un padre o una madre al ver que su hijo de 8 años lo van a dejar en un sueño profundo inducido por hipnóticos, analgésicos mayores, relajantes musculares y otras substancias tóxicas que privan de cualquier consciencia humana? ¿y si no la vuelve a recuperar? Ahora comprendo el mar de lágrimas en sus ojos a punto de estallar.

Una noche en la que estaba observando la luna, lo vi aparecer. "¡Chuck!" llamé su atención. "¡Ay, Nastenka! dime..." respondió. Si es que es único hasta para pronunciar mi nombre. Parecía sacado de un libro. Me interesé por su hijo. Tenía visita con el máxilo facial, recomendado, por la buena dentista de su pequeño. Manuel Gorina. "¿qué tal fué la visita con el Dr. Gorina?" pregunté. Y cómo no hubiera que esperar menos de él, me lo explicó con todo detalle.

"Pues verás" comenzó diciendo. "Tenía hora a las 10 de la mañana de hoy, en el Trueta. La Dra. Isabel, dentista de mi hijo, asistió también: noto interés en el caso de mi hijo y eso es de muy agradecer". ¿Cómo no se van a interesar por un caso así? pensé yo. "¡Me desperté sin despertador!" siguió relatando, "cómo de costumbre últimamente". No quise saber el porqué, a veces es más loco de lo normal y sólo me interesaba su hijo en ese momento: quizás otro día le pregunte por qué ya no utiliza, cómo yo, el despertador. Siguió relatando: "de camino al Trueta, iba escuchando la radio. Anda ya el programa matinal de los 40 principales, siempre lo escucho, me acompaña en los trayectos cuándo voy a trabajar, pero hoy me sorprendió un comentario de la presentadora. Veras, los invitados de hoy tenían que acertar el final de una frase de una canción al azar, entre tres posibles soluciones: me gusta mirarte, me excita mirarte o me muero por mirarte, esas eran las posibles respuestas. La invitada contestó me excita mirarte, falló. La respuesta era me gusta mirarte y con gran desilusión comentó la presentadora: que pena, me hubiera gustado más la segunda opción a mi también, es más actual más de hoy. Y pienso yo: ¿en qué se está convirtiendo la vida? ¿qué antes no se excitaba la gente? ¿qué aquel misterio seductor no excita ya? O ¿es que hoy día la libertad de expresión prescinde de sutileza? ¿son las mujeres de hoy menos excitadizas que las de antes? ¿eso es lo que quieren escuchar de un hombre hoy día? Que cosas oye." Verdaderamente está loco este Chuck, pensé. "Llegué al Trueta" continuó explicándome, "aquel edificio tan viejo, me causó respeto, hace más de 20 años que no lo veía, desde que mi padre estuvo ingresado a causa de un infarto provocado por el tabaco. Era imposible aparcar, más de 10 minutos estuve buscando un hueco. Nos dirigimos a la entrada. A lo lejos divisé unas mesas custodiadas por estudiantes de medicina o enfermería. Hoy es el día mundial Antitabaco, estaban cambiando manzanas por cigarrillos." Muy buena idea, le dije, pero déjate de sensaciones Chuck y explícame qué conclusión tuvo el Dr. Gorina. "Voy, voy..." me respondió desilusionado el loco y necio de Chuck.

Me sentí fatal al cortarle de esa manera, pero, me moría de ganas por saber a qué conclusión había llegado respecto a la posible intervención quirúrgica de su hijo. "Lleguemos a la sala de espera" continuó explicando, pero esta vez con tono menos soñador, "allí estaba la Dra. Isabel esperándonos. Pasamos en seguida, no hay nada mejor que ir recomendado o tener padrino, así va el país. Entramos, el Dr. Gorina no estaba solo, con él habían tres personas más, la enfermera y dos licenciados haciendo de interinos en la consulta del Dr. Gorina. Después de las presentaciones y sin dilación le di el disco que contiene el TAC de la boca de mi hijo. Todos observamos al doctor, que a pesar de su juventud, diría 40 y pocos años, tiene una gran experiencia, ya que, todos los casos o accidentes faciales que se producen en la provincia se derivan a él. No son quatro dientes de más, son seis que hay que extraer. Requiere anastesia general. Esta en lista de espera, entre seis y ocho meses. Me dio a firmar el consentimiento, nunca una firma me ha dolido tanto. No es tan difícil, me comentó el Dr. Gorina, es tiempo, no te preocupes por nada, todo irá bien, además la Dra. Isabel estará en la intervención. Yo me encargo de extraer y ella de supervisar para que la dentadura de tu hijo quedé lo más bonita posible. ¿lo más bonita posible? pensé yo, no se trata de una cuestión estética, le dije. Nos miramos y me soltó, yo también soy padre y se a lo que te refieres, todo va a salir bien, te lo aseguro, además es una intervención relativamente sencilla, no tienes de que preocuparte."

Lo ves Chuck, insinué, no hay de que preocuparse. "Gracias" respondió, otra vez con esos ojos de gratitud honesta que tanto me hace quererlo. Nos dimos la vuelta, yo seguí mirando la Luna, el siguió perdido en sus constelaciones. ¡Maldito loco y necio!










jueves, 6 de agosto de 2020

Noviembre había empezado lloviendo día sí, y día también. Pero esa mañana amaneció distinto. En el cielo brillaba un sol radiante. Era jueves y no tenía que madrugar. Aún así, en lo más profundo de su alma, sentía como el pesado plomo de sus últimos treinta y nueve años, le habían convertido en una mujer algo más coherente con sus emociones. Si es que, nos esculpimos a base de plomo y cenizas para darle forma a nuestras alegrías, reflexionaba. Había pasado la noche recordando a su bien querida sobrina y, soñando con su papá. Los adoraba... ¡Eran su delirio! Pero, ese jueves, se juró empezar los cuarenta centrándose, exclusivamente, en lo que le hiciera la vida más fácil. Estaba decidida.

Ese jueves era 22 de noviembre y, cansado de escribir para ella en el aire y esculpir notas en el agua que, antes de nacer ya estaban rotas, decidí organizar un concierto a media mañana en la vieja iglesia en honor a ella. Ésta, había sido reconvertida en un nuevo centro cívico y cultural: El rincón, llevaba de nombre. Deseé que fuera un concierto benéfico. Un concierto de arena y romero. Sí, de arena y romero...Toda la recaudación sería entregada, íntegramente, a la asociación de vecinos del barrio. Vamos, un auténtico desvarío, tal y como el necio irracional que estoy hecho. Aún así, la nueva mujer que se juró ser en sus nuevos y recientes cuarenta años, de no volver jamás a mis brazos, anhelaba asistir al concierto. Sabía que era por, y para ella. Su filantropía no le permitía no asistir.

Vive en un sexto piso. Esa noche también había dormido con su pijama negro, y de encaje. Sabía que era mi preferido. Se afianzó en el alféizar de su ventana a contemplar el magnífico día con que había amanecido. Los mejores regalos no siempre vienen de nuestros congéneres. Ahí, sentada al filo de casi un abismo, mientras una ligera brisa mecía su flequillo abertzale, se lió un cigarrillo mientras tomaba una taza de café. Las alturas no le hacían sentir vértigo, sino, la falta de empatía y las personas vacías. Acabado el cigarrillo, se dispuso a vestirse. Se enfundó en un mini vestido negro de gasa estampado, se subió a unas botas que le llegaban a medio muslo y, entre el final del vestido y el principio de las botas se podía contemplar la blonda de sus blancas medias. Llevaba el pelo recogido y, en el cuello, su nuevo fular que ocultaba su precioso lunar, a juego con el bolso. Brillaba con luz propia. Como siempre lo ha hecho. Solo le faltó declararme la guerra.

Antes de dirigirse al Rincón, con nostalgia, se pasó por el cementerio a felicitarle. La noche anterior había soñado con él y no quiso hacerse más sangre, bastante había sangrado dulcemente ya. Pasó de largo y se dispuso a descender por aquella callejuela que le conducía hacia la vieja iglesia para asistir al concierto benéfico. Fué entonces cuando sus ojos tropezaron de nuevo con los mios. Se nos partió el alma. Ella apartó la vista enseguida y siguió caminando con paso firme y decidido. Yo me tuve que apoyar en una farola para intentar recomponerme. No pudimos evitar sentir la locura de entregarnos de nuevo mutuamente. Ya estábamos acostumbrados. Nos conocemos a la perfección, o eso creíamos. Sabíamos que no estábamos hechos el uno para el otro, pero también que viviríamos deshechos el uno sin el otro. Un rayo nos atravesó el cerebro con estúpidas preguntas: "¿Llevará las bragas puestas?"; "¿Habrá notado que no llevo las bragas puestas?"; "¿Llevará liguero a juego con su nuevo fular?"; "¿Se habrá dado cuenta de que el liguero lo llevo a juego con mi nuevo fular?"; "¿Se le habrá mojado el coño al verme?"; "¿Habrá notado la humedad de mi coño al verle?"; "¿Se dirigirá al concierto?" Y, efectivamente, se dirigía a ese nuevo centro cívico y, cultural. La llamé en un grito mudo. Ella debió escucharlo, ya que se giró con una sonrisa que me pareció una auténtica película porno. Creció un bulto en mi pantalón, a la altura de la polla.

Si es que, solo recordamos lo que nunca ha llegado a suceder. Y, una tarde de tormenta en pleno mes de agosto, dió a luz a un hermoso ángel que se lo estará recordando mientras viva. Le llamó: José.


Feliz cumpleaños.
Salud y suerte...






martes, 28 de julio de 2020

Rubia, media melena con unos rizos perfectos. Ojos grandes color aguamarina. Con unos labios de color carmín que, más de uno, no le importaría dejarlos sin pétalos. Vestido negro satinado, estampado a medio muslo, decorado con un lindo cinturón de plata. La verdad que estaba para empotrarla en el mostrador.

¡Oye!, Irrumpe mi calma, ¿Qué vale ésta camisa? Treinta y nueve euros, respondo. ¡Ufff, son carísimas! ¡Yo se las compro mucho más baratas a mi marido! Espeta a la primera de cambio. Estás a tiempo de seguir comprándoselas, le respondo por inercia. Es para ir con un traje gris marengo, me responde. A ese color le va cualquier camisa, es un comodín, llevo vendiendo trajes para hombre toda mi vida. Mira, ésta, este yacar le quedará muy bien, le explico. Pero lleva botones en el cuello, me comenta. ¿Es para llevar con corbata? Le pregunto. Sí, siempre lleva corbata, me responde. Entonces es mejor ésta, con cuello semi-italiano, también le quedará  muy elegante. ¡Pero a mi marido le gusta con botones en el cuello! Me comenta. ¡Pues comprase las con botones! Le dijo mientras me dispongo a seguir doblando la ropa que no quiso el anterior cliente.

Sigue mirando y mirando. No le presto atención. Al ver que no le hago caso se vuelve a dirigir a mi. ¡Ya las podrías tener más baratas! Me vuelve a increpar. ¡No te gustarían tanto! Le contesto, ahora ya en un tono más irónico, mirándole los rizos, los ojos, la boca y, el vestido negro estampado satinado. La verdad que tiene un culo perfecto. Bajo la mirada, el tacón le estiliza aún más esas piernas de vértigo. Sigo doblando, colocando las prendas en su sitio.

¡Mira! ¡Es que la necesita para hoy! ¡Y no dispongo de tiempo suficiente para seguir buscando una camisa para mi marido! Me dice un poco alterada. ¡Pero éstas son más caras! ¡Quizás perdiendo diez minutos, para tú marido, las encuentres más baratas como está acostumbrado a llevarlas! Le contesto con una liguera sonrisa dibujada en mi cara. ¡No me gusta tú chulería! ¡Venderás poco con ese carácter! Me dice, sonriendo la muy puta. ¿Perdona? Le contesto, ¿No has leído nunca qué, lo que no nos gusta de una persona, sin conocerla, es en realidad lo que somos nosotros mismos?

En ese preciso momento llega Aurora, la que vende la verdura. Bajita, entrada en carnes, con un delantal que parece a mí abuela, a pesar de su juventud. Lleva su pelo negro recogido en una cola. Sus gafas de culo de vaso les resbalan sobre la nariz de lo sudada que va. Hola, Javier, de las cuatro camisas que me dejaste la semana pasada, me quedo tres, mi hermano, ya sabes que no es de muchos colorines. ¿Qué te debo? Me saluda Aurora. Dame ciento quince euros y, te tomas algo a mi salud, le contesto. Paga en efectivo, con una sonrisa y diciéndome: ¡Eres más apañado rey! Ahora empiezan a entrar muchas bermudas, Aurora, otro día te escapas y lo hacemos igual. Le comento. Vale rey, así lo haremos. ¡Gracias guapo! Se despide.

La rubia de rizos perfectos, boca carmín, vestido negro satinado y piernas de vértigo, se acerca, con la camisa de cuello semi-italiano en sus manos que, no lleva botones en el cuello, contradiciendo los gustos de su marido, con una mirada lasciva, sonriendo como lo hacen las mujeres después de haber tenido un orgasmo. ¿Te puedo pagar con tarjeta? Pregunta. ¡Por supuesto! Le comento...





jueves, 23 de julio de 2020


Son las cinco y media de la mañana. El crotoreo de gorriones así me lo indica. Nada más abrir los ojos tu recuerdo viene a mí. Hoy tengo una extraña sensación, me siento incomprendido. Me levanto de la cama y voy directo al cuarto de baño. Hoy también tengo que inclinarme para orinar y no manchar nada. Me meto en la ducha y, al cerrar los ojos mientras el agua me empapa, la conversación que tuvimos anoche, ataca a mis necias neuronas. Es un ataque fugaz y letal. No te puedo sacar de mi mente, estúpida, te has vuelto una terca obsesión.


_¡Encontré una maravilla!

_Tragicomedia americana...

_¡Un "conocido" me dedicó su libro!

_Son dos tomos...

_¿Qué haces? no te entiendo...

_Indago y pienso en voz alta, cariño... ¿Entiendes ahora?

_No, no te entiendo... ¿Cómo me vas a explicar cosas que he vivido, sé y te estoy contando?

_Sólo pienso en voz alta para que veas que me documento en todo lo que me explicas y vives. 


Salgo de la ducha; debería afeitarme y no me apetece. "Hora de levantarse" les comento a los peques. Pongo la cafetera a hervir mientras me lio un cigarrillo. Café con leche y una tostada. Reviso el correo y las citas, y vuelves a mí mente. Tu última conexión fue a las 23.55h. Miro alerta de lluvia y está lloviendo en Valencia. Es obvio que te vas a dar cuenta, como el "Último dodo" la editorial de Martín Zarza. Sé que lo sabes, es obvio, tienes el libro en tus manos pero, me he documentado y te lo hago saber. Aquí también llueve. Imagino que te has dado media vuelta en tu cama. Te veo acurrucada pensando en tus cosas, sabiendo que con la humedad toca doble plancha: se riza. ¡Y yo aquí pensándote! Como un loco esquizofrenico, imaginándote. Muerdo la tostada. La miró. Veo en ella mis dientes marcados y no puedo evitar acordarme de aquella ensaimada. Suspiro. Se apodera de mí el deseo, la lascividad por hacerte mía. Hora de salir a trabajar...

Hace días que no montas en la montaña rusa. 





sábado, 18 de julio de 2020


Lo único que deseo, idiota, es un beso que me haga sentir ahí abajo. Y aquí abajo es donde quiero estar. Para saciar mi sed y sacarle partido a la vida, jugar la gran final y que sólo haya un ganador: TÚ y yo...

En ocasiones, me siento estúpido en el balcón de los sueños imposibles. Otras no. Por eso decidí escribir aquí, en el sótano de mí existencia. Sin ruidos ajenos que perturben mi oscuridad, alimentar a mis monstruos sin jueces vendidos a la insensatez y donde pueda masturbarme a mi parecer.

Llámame necio, pero llámame. Ojalá algún día se convierta en: "Ya(te)mamé".

Un buen libro, cariño, despierta mi imaginación, un ensayo mi opinión y, una poesía, desgarra mi absurda y necia realidad: TÚ, debes de ser toda esa especie de literatura que empapa todo mi ser. Dime, ¿por qué no mezclemos agua con sed?

Aún
Muestras
Peligro
Anatómico
Real
Omnipresente






lunes, 29 de junio de 2020


En antaño, cuando Dios creó la vida, todos gozábamos de la libertad absoluta. Nuestra función era sencilla: Nacer, crecer, reproducirse y morir. Sin miedos ni valores. Lo único que importaba era poder llegar a ver un nuevo amanecer, aunque, sinceramente, tampoco nos quitaba el sueño. La vida fluía armoniosamente a través de las casualidades. Éramos dichosos y, cómo animales que somos, sin ser conscientes de ello.

Envidioso de la gran obra de su eterno rival, el Diablo, quiso joderle el invento. Nos dotó de consciencia y, con ello, la capacidad de razonar. Pasamos a ser una especie de "Ser humanos". Lo cuestionamos todo con preguntas estúpidas y absurdas, sin sentido ni argumento alguno de cualquier cambio que observábamos en nosotros mismos y en el medio dónde íbamos prosperando. Sabiendo, de sobras, que todo acaba cuando morimos.

El Diablo, creyendo que al otorgarnos esa cualidad iba a joder el experimento de su eterno rival, provocó todo lo contrario. Una función tan sencilla como dejar descendencia, iba a convertirse en el mayor de los placeres de "Ser humanos". Nuestra existencia había tomado sentido, o eso creíamos. La promiscuidad nos daba aún más libertad y, aún mejor, al ser conscientes de ello, anhelábamos estar en compañía. Así fue como se fraguó el sentimiento de Amistad. Nos sentíamos vivos.

Dios, ese ser todo poderoso, al ver el resultado obtenido, le dio las gracias y le invitó a unirse a esa bacanal de "Ser humanos" que, sin pretenderlo, había creado (ironía pura y dura, era un poco pícaro ese Dios). El Diablo, ofendido, no pudo aguantar su ira. Se le había torcido completamente su maléfico plan. Entonces comenzó a cavilar. Si de una intención mala he obtenido un resultado buenísimo, haré al revés, pensó y, así obtendré un resultado maléfico. Así lo hizo.

Esta vez nos otorgó buenos sentimientos: compasión, cariño, devoción, fidelidad y ternura. Se sentó en su catre y se limitó a observarnos. Veía como la libertad de la cuál gozábamos se iba resquebrajando. El acto de reproducirse pasó a ser una rivalidad. Quisimos adueñarnos y dominar a nuestros congéneres del sexo opuesto, para poder dejar nuestra descendencia. Se había fraguado un nuevo y letal sentimiento: el Amor. El Diablo se había salido con la suya. Había creado el caos.

Dios, abrumado, empezó a cabilar para poder sacarnos del caos en el que estábamos sumidos. No podía deshacernos de esos buenos sentimientos. Iría contra sus principios. Después de días y noches sin pegar ojo, intentando buscar una solución, se iluminó. ¡Eureka! La hubo encontrado. Creó un duende, el Duende del Olvido. De esa manera, cualquier desengaño amoroso, el duende lo confiscaría y, de esta manera, nos disiparía el camino de la desazón. Y así lo hizo. Funcionaba. Cualquier desengaño amoroso era confiscado y archivado por el Duende del Olvido. Hasta que dio con nosotros: TÚ y yo...

Que sin tocarnos ni mirarnos a los ojos, sin una caricia, vamos, sin un contacto físico. Sólo con nuestras almas, noche tras noche, confiándonos el uno al otro, poniéndonos a prueba y discutiéndonos las verdades, hemos creado un lazo afectivo más profundo de lo normal, más profundo que ni en el mismísimo infinito puede abarcar.

TÚ (en mayúsculas, sí) Nihilista convencida, amante de la verdad emocional, luchadora, reservada, inteligente, con unos valores irreprochables. Pasional...

yo: Un necio...

Invocamos la presencia del Duende del Olvido que, en sus archivos, tiene los más grandes tormentos sufridos por desamor. Acudió. Analizó nuestro desconsuelo y sufrimiento. No pudo evitar llorar. Se preguntó porqué Dios, su jefe, no había creado un duende también para él. Se negó a archivarlo. Me llamó por teléfono. Sí, a mí. Le hubo fascinado mi necedad, o qué se yo...

Me dijo:
"NO DEJES QUE SE VAYA, TEN VALOR."

Y yo le pregunté:
"Por qué no te apiadas de nosotros, so payaso"

Aún no he obtenido respuesta.
































martes, 16 de junio de 2020


Recogiste el paquete con un enjambre de abejas revoloteando dentro de tu estómago. Sabías perfectamente lo que contenía. Tu casualidad de verano podía escuchar, perfectamente, el zumbido que emitía cada átomo de tu cuerpo cada vez que recibes mis noticias más urgentes. Le ordenaste que, con móvil en mano, no perdiese detalle de lo que iba a suceder desde ese preciso instante. No dudó en obedecer. Buen chico. Comenzaste por despojar toda la ropa que oprimía ya tu cuerpo. Entraste al baño directamente a la ducha. Querías estar bien limpia y perfumada para cuando empezara el juego.

Desde el quicio de la puerta del baño, móvil y polla en mano, tu casualidad de verano no perdía detalle tal y como le ordenaste, haciendo honor al infinito entre cuatro paredes que lleva tatuado en su muñeca izquierda. No como yo, que llevo tatuado el infinito en mitad de mi puto cerebro. Tomaste la ducha de mano y le ajustaste el chorro dirigiéndolo directamente hacía tu rico manjar. Abriste la pluma del grifo. El agua helada empezó a acariciarte la pepita del coño. En tus mejillas se dibujó un rojo amapola que hacía morderte el labio inferior. Bajaste un poco más el chorro de agua hasta la altura de tu dulce vagina. Giraste la pluma hacia el agua hirviendo. Ese contraste de temperatura en tu cuerpo provocó que tus pezones se pusieran duros como rocas y, un primer orgasmo. Cerraste el grifo. No deseabas empezar aún el juego, o eso creías.

Completamente desnuda, seguida por el excitado cornudo del cámara y, el paquete recibido en tus manos, fuiste hacia la sala de estar. Sentada en tu sofá abriste el paquete. Era un espejo de mano como bien sabías. Los ojos del cámara casi se salen de sus órbitas al verlo. No hay nada más excitante que la incertidumbre de un cornudo consentido al ver a su esposa sometida a las órdenes de su amante. Cogiste el espejo y lo colocaste encima de la alfombra, esa de tan suave textura que tantas veces te ha visto gozar. Sí, esa. Te pusiste a horcajadas encima del espejo tal como te ordené. Con dos dedos separaste tus labios verticales, para poder observar lo rosado que es tu coño. Por primera vez viste tu clítoris. Es diminuto, duro y sensible. Cómo yo, cuándo no estás a mi lado. Lo acariciaste con sumo cuidado con la yema del dedo anular. No podías liberar los ojos del espejo. Estabas recreándote viendo cómo tu dedo se movía en círculos y empezabas a humedecerte. Dejaste el clítoris por un momento, y deslizaste el dedo hacia la entrada de tu vagina para humedecer la zona con el dulce almíbar que emanaba de tu coño. Poco a poco veías como ese dedo iba entrando en tu interior. Parecías tener algo dentro de ti que chupaba tu empapado dedo. Ni aún hoy no sabes lo que más te gustó, si sentir tu dedo entrando o ver cómo tu coño devoraba el dedo entero. "Fue algo inolvidable. No deseo estar como contigo, con nadie más que contigo" esas fueron tus palabras cuando te pregunté.

Las piernas te comenzaron a flaquear de placer. Tuviste que recostarte en la pared para recuperar el aliento del segundo orgasmo. Eres insaciable. Querías más. Ordenaste al cámara que te trajera un esférico cubito de hielo de la nevera. El cuál, no tardó ni medio minuto en complacerte. Te separaste de la pared. Colocaste el trozo de hielo encima del coño para masturbarte con él. Te dolía el coño de frío. ¿Recuerdas? Acomodaste el culo para poder penetrarlo también. Metías dos dedos en la boca para salivarlos bien, sin dejar de castigarte el coño con ese bendito trozo de hielo y, echando las nalgas hacia atrás, lograste introducirlos por completo en el esfínter. Podías ver, con una mezcla de entusiasmo y lujuria, cómo tus dos manos se encontraban haciéndote gozar nuevamente, como una perra en celo. 

Experimentaste dos orgasmos a la vez. Uno físico y otro mental, ya que, aún antes de correrte, sólo con ver en el espejo cómo castigabas tus orificios de placer, ya te estabas corriendo en tu mente, como yo bien quería...








(Para tu memoria de pez, mi puta)







domingo, 14 de junio de 2020


Siempre existe un punto de inflexión. El mío fue conocerte. Coincidir contigo en aquel bar extrasensorial lubricó todos los engranajes de mi lascivo cerebro. Supongo que desde entonces funciona mejor. Sé que no fue el lugar más apropiado para conocernos, pero así de caprichoso es el destino. Nos separa(ba) un abismo de distancia. El vértigo que sentíamos era un chute de adrenalina que activa(ba) nuestra valentía. Nos hacía querer ser gladiadores.

Noche tras noche, letra tras letra, tu gata iba descubriendo un mundo nuevo dónde los sueños se hacían realidad, y la realidad, con el paso de los días, se ha convertido en papel mojado. Sí, todos tenemos dentro, pero que muy adentro, un folio en blanco dónde, a veces, sólo a veces, dejamos redactar los mejores y más asesinos sentimientos. Muy pocas son las personas, que sin tener la llave, se adentran hasta lo más profundo de nuestro ser y consiguen redactarlos. Sí, siempre hay necios, que por querer escribir su mejor novela, pecan de humildad y la cagan. Pero la realidad, cariño, es que sólo quería hacer de ti la más puta de las mujeres. Pero no una simple puta, si no, mi puta más fiel.

Mi necia sencillez hizo dudar a tu salvaje gata. Esta(bas) dispuesta a saltar al vacío, abrazarte a mis alas y volar conmigo al infinito deseo. Te encanta(ba) mi pluma. Lo sé. Si crees que estoy equivocado, pregúntale a la humedad de tu coño cada vez que te acuerdas de mí. Tu avispado escepticismo quiso comprobar mi resistencia. Y, ¡Me pusiste a prueba! La misma que suspendí sin reválida. Tenías mis dos oídos abstraídos en tí, pero decidiste hablarme sólo a uno. Al principio no hice caso de tu voz, ¿Recuerdas? Fuiste dura en tu empeño por deshuesarme. Quisiste cerciorar la duda que te quema(ba) por dentro. Esa misma insistencia, por comprobar si mi resistencia era lo suficientemente fuerte para acabar de entregarte a mí, fue la que acabó delatando tus estúpidas intenciones. Me quede en blanco. Pensé, tal vez no lo más correcto, dejarte seguir a ver adónde llegabas. Tuvimos una conversación de los más seductora, mientras que yo te volvía a repetir que me contaras tus inquietudes, tus dudas y cualquier cosa que pudiera llegar a separarnos. Pero tú, testaruda, restándole importancia a mis súplicas, decidiste sangrar dulcemente. Quise decírtelo. Quise sanar tu herida. Debí volverte a la realidad de los sueños. Pero no, no supe hacerlo amor, y suspendí la prueba.

Desde entonces vivo sempiterna(mente) en un vacío interior, desquiciado y desolado, cada vez que te llamo a voces y no regresas a mi lado...















viernes, 12 de junio de 2020


Cuando la necesidad es un vicio.

Cuando el instinto es consciente.

Cuando la noche se vuelve día.

Cuando un "mejor" , destripa.

Cuando un bufido disipa las nubes.

Cuando la duda son certezas.

Cuando la cordura es estar loco.

Cuando un chorizo atraílla abismos.

Cuando dejar de fumar no es la mejor opción.

Cuando los celos denotan confianza.

Cuando la espesor se diluye.

Cuando un ibérico supera las clochinas.

Cuando se despierta "pollito".

Cuando se pone las botas y, "¡sorpresa!".

¡La distancia, te acerca!





jueves, 11 de junio de 2020


Almas desnudas.

Secretos compartidos.

Un adiós forzado, en noche de luna llena.

Amanece demasiado temprano.

Torpeza. Y la uña se lastima.

En ayunas y, directo a la montaña rusa.

Hambre, ensaimada, mordisco y deseo.

Manos temblorosas; locura compartida.

Ciego de palabras; mudo en mis pupilas.

Que te lo diga la música. Yo no puedo...




martes, 9 de junio de 2020


Siempre he soñado con vivir en una nube. Dónde el tiempo se detenga y no pasen las horas. Ver pasar mi vida en fotogramas por delante de mis narices y no tener que preguntarme por mi existencia. En la razón se confunden las cosas. Creí tenerlo todo y no necesitar nada más, pero no es así. Necesito de tí. Necesito de mí. Dentro de mi alma hay una luz apagada. Estoy atrapado en un bucle oscuro del que no puedo salir. Trabajar, ahorrar e invertir.

Yo amo la locura y la sin razón. Es la que ilumina mis entrañas soñadoras, y permite desplegar mis alas. Creces cada noche como una nube de tormenta en un mes de mayo dentro de mí, y mueres al salir el sol. No me importa el nombre que te den los meteorólogos. No me importa, en absoluto, la forma en la que te quieran catalogar. Sólo me interesa cómo te has formado dentro de mí y la lluvia y la luz con la que has empapado mi ser.

Quisiera secarme nunca de tí. Pasar toda la vida encandilado con tu luz, y nunca más volver a necesitar del Sol. Convertirme en el rayo que atraviesa cada puta molécula de tu voluptuoso cuerpo. Ser yo quién te haga rugir. Te prometo, cariño, que si con sólo gritar se me pasara esta desesperación que me aflige, por no poder empaparme de tí, lo haría eternamente. Hasta un sordo los escucharía y un ciego los vería.

¿Los escuchas tú, idiota?




lunes, 8 de junio de 2020


Son cinco los sentidos sensoriales, eso dice la ciencia empírica. Pues, yo creo, que se han olvidado del más importante: la empatía. Éste sentido es la mayor virtud que la vida nos ha regalado y, más humanos nos hace. Nadie debería intentar deshacerse de él, por mucho sufrimiento que nos pueda causar al utilizarlo.

¿Alguien ha sentido qué siente un invidente al querer ver y no poder?

Sí, decidme... ¿Qué impotencia siente el teniente al querer escuchar?

¿Qué siente una persona anosmia al querer olfatear?

¿Qué siente una persona ageusia al querer degustar?

O, el que tiene el sistema somatosensioral pifiado y, desea sentir el roce en tu piel...

Pues eso es lo que siento cada mañana al despertar, después de una larga fría noche sin tí. Queriendo y, sin poder. Porque, si no piensas volver, se más humana e intenta convencerme de que nunca has estado aquí.







domingo, 7 de junio de 2020


A kilómetros de tí estoy.
Solloza mi alma por despertar.
Suplicando compasión.
Oscura la noche sin tu luz.
Me interiorizo a ciegas suplicando piedad.
A kilómetros de ti estoy.
Sin poder despertar.

El deseo se apodera de mí y no estas.
El egoísmo es mi verdugo.
Esperando en paginas vacías
ya que de mi cajita, no te pude sacar.
Mi egoísmo es el verdugo.
La distancia mi sufrir.
Éstas letras mi saciedad.

Quiero pensarte feliz.
Sonriente...
Aunque hoy no me lo puedas comunicar.
¡Seré bobo!
¡No puedo exigir cuando mío es tu sentir! Miénteme...
Y dime que no te acordaste de mi.

Sigo esperando.
23.12 horas y paginas vacías.
Cómo puedo decir lo mucho que te deseo.
Lo que despiertas en mí.
Lo mucho que te extraño.
Sin que lo pongas en tela de juicio.
No dudes de que sea así, estúpida...

Ojalá dónde estés, llegue una brisa pasajera.
Te parta la boca a besos.
Acaricie tu alma y te sientas mía.
Dónde quieras que estes.
Ojalá miraras esta noche las estrellas
y vieras dibujadas en ellas un:
¡TE DESEO!

Mi egoísmo; mi verdugo.
Mi distancia; mi sufrir.
Mis letras; mi saciedad.
Mi deseo; tu libertad.













(No tardes en volver...)





sábado, 6 de junio de 2020

Estimados Reyes "Majos".

Me dirijo a ustedes con un propósito muy claro y sencillo, pues vereis:

Desde hace poco más de un mes, he estado conociendo a unas de las personas más entrañales y bondadosas que el destino ha querido mostrarme. La nostalgia de haber perdido a su padre (en el que ella se refleja tanto) ha hecho que, desde mi humilde y más sincera necia intención, ser yo quién intente verter algo de luz a esos días oscuros en que aveces despertamos. Con ello no pretendo sustituir a su gran pilar de esta vida (su padre). Ni tan siquiera aproximarme. Pero sí. Voy a ser yo quién le robe una leve sonrisa ante mis mosqueos inducidos por su dulce aguijon. Sí, voy a ser yo quién desde mis deseos y, sabiéndo de los suyos, quién le arrope cada noche. Por ello me dirijo a ustedes, Majestades....

Ha soñado tantas veces con ello
Que ha perdido la fe.
Ha llorado tanto
Que sus mejillas son la nueva Venecia.
Ha creído tanto
Que duda ya de su credibilidad.
Ha sufrido tanto
Que lo mejor le esta por llegar...

Pues eso... ¡Meteros por dónde os quepa, muy señores honorables Reyes "Majos", vuestras buenas y mágicas intenciones! Que, aquí un loco inconsciente, va a cumplir su sueño, secar sus lágrimas y navegar por sus húmedas mejillas (que tanto me gustan cuándo se enrojecen) y ya, ya me encargo yo. Voy a ser yo... ¡Quién le devuelva la ilusión de creer nuevamente en la magia!

Para tí, mi pequeña. ¡Tu anhelada amarilla bicicleta!




(Espero que sea de tu agrado...)