Siempre existe un punto de inflexión. El mío fue conocerte. Coincidir contigo en aquel bar extrasensorial lubricó todos los engranajes de mi lascivo cerebro. Supongo que desde entonces funciona mejor. Sé que no fue el lugar más apropiado para conocernos, pero así de caprichoso es el destino. Nos separa(ba) un abismo de distancia. El vértigo que sentíamos era un chute de adrenalina que activa(ba) nuestra valentía. Nos hacía querer ser gladiadores.
Noche tras noche, letra tras letra, tu gata iba descubriendo un mundo nuevo dónde los sueños se hacían realidad, y la realidad, con el paso de los días, se ha convertido en papel mojado. Sí, todos tenemos dentro, pero que muy adentro, un folio en blanco dónde, a veces, sólo a veces, dejamos redactar los mejores y más asesinos sentimientos. Muy pocas son las personas, que sin tener la llave, se adentran hasta lo más profundo de nuestro ser y consiguen redactarlos. Sí, siempre hay necios, que por querer escribir su mejor novela, pecan de humildad y la cagan. Pero la realidad, cariño, es que sólo quería hacer de ti la más puta de las mujeres. Pero no una simple puta, si no, mi puta más fiel.
Mi necia sencillez hizo dudar a tu salvaje gata. Esta(bas) dispuesta a saltar al vacío, abrazarte a mis alas y volar conmigo al infinito deseo. Te encanta(ba) mi pluma. Lo sé. Si crees que estoy equivocado, pregúntale a la humedad de tu coño cada vez que te acuerdas de mí. Tu avispado escepticismo quiso comprobar mi resistencia. Y, ¡Me pusiste a prueba! La misma que suspendí sin reválida. Tenías mis dos oídos abstraídos en tí, pero decidiste hablarme sólo a uno. Al principio no hice caso de tu voz, ¿Recuerdas? Fuiste dura en tu empeño por deshuesarme. Quisiste cerciorar la duda que te quema(ba) por dentro. Esa misma insistencia, por comprobar si mi resistencia era lo suficientemente fuerte para acabar de entregarte a mí, fue la que acabó delatando tus estúpidas intenciones. Me quede en blanco. Pensé, tal vez no lo más correcto, dejarte seguir a ver adónde llegabas. Tuvimos una conversación de los más seductora, mientras que yo te volvía a repetir que me contaras tus inquietudes, tus dudas y cualquier cosa que pudiera llegar a separarnos. Pero tú, testaruda, restándole importancia a mis súplicas, decidiste sangrar dulcemente. Quise decírtelo. Quise sanar tu herida. Debí volverte a la realidad de los sueños. Pero no, no supe hacerlo amor, y suspendí la prueba.
Desde entonces vivo sempiterna(mente) en un vacío interior, desquiciado y desolado, cada vez que te llamo a voces y no regresas a mi lado...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.