martes, 28 de julio de 2020

Rubia, media melena con unos rizos perfectos. Ojos grandes color aguamarina. Con unos labios de color carmín que, más de uno, no le importaría dejarlos sin pétalos. Vestido negro satinado, estampado a medio muslo, decorado con un lindo cinturón de plata. La verdad que estaba para empotrarla en el mostrador.

¡Oye!, Irrumpe mi calma, ¿Qué vale ésta camisa? Treinta y nueve euros, respondo. ¡Ufff, son carísimas! ¡Yo se las compro mucho más baratas a mi marido! Espeta a la primera de cambio. Estás a tiempo de seguir comprándoselas, le respondo por inercia. Es para ir con un traje gris marengo, me responde. A ese color le va cualquier camisa, es un comodín, llevo vendiendo trajes para hombre toda mi vida. Mira, ésta, este yacar le quedará muy bien, le explico. Pero lleva botones en el cuello, me comenta. ¿Es para llevar con corbata? Le pregunto. Sí, siempre lleva corbata, me responde. Entonces es mejor ésta, con cuello semi-italiano, también le quedará  muy elegante. ¡Pero a mi marido le gusta con botones en el cuello! Me comenta. ¡Pues comprase las con botones! Le dijo mientras me dispongo a seguir doblando la ropa que no quiso el anterior cliente.

Sigue mirando y mirando. No le presto atención. Al ver que no le hago caso se vuelve a dirigir a mi. ¡Ya las podrías tener más baratas! Me vuelve a increpar. ¡No te gustarían tanto! Le contesto, ahora ya en un tono más irónico, mirándole los rizos, los ojos, la boca y, el vestido negro estampado satinado. La verdad que tiene un culo perfecto. Bajo la mirada, el tacón le estiliza aún más esas piernas de vértigo. Sigo doblando, colocando las prendas en su sitio.

¡Mira! ¡Es que la necesita para hoy! ¡Y no dispongo de tiempo suficiente para seguir buscando una camisa para mi marido! Me dice un poco alterada. ¡Pero éstas son más caras! ¡Quizás perdiendo diez minutos, para tú marido, las encuentres más baratas como está acostumbrado a llevarlas! Le contesto con una liguera sonrisa dibujada en mi cara. ¡No me gusta tú chulería! ¡Venderás poco con ese carácter! Me dice, sonriendo la muy puta. ¿Perdona? Le contesto, ¿No has leído nunca qué, lo que no nos gusta de una persona, sin conocerla, es en realidad lo que somos nosotros mismos?

En ese preciso momento llega Aurora, la que vende la verdura. Bajita, entrada en carnes, con un delantal que parece a mí abuela, a pesar de su juventud. Lleva su pelo negro recogido en una cola. Sus gafas de culo de vaso les resbalan sobre la nariz de lo sudada que va. Hola, Javier, de las cuatro camisas que me dejaste la semana pasada, me quedo tres, mi hermano, ya sabes que no es de muchos colorines. ¿Qué te debo? Me saluda Aurora. Dame ciento quince euros y, te tomas algo a mi salud, le contesto. Paga en efectivo, con una sonrisa y diciéndome: ¡Eres más apañado rey! Ahora empiezan a entrar muchas bermudas, Aurora, otro día te escapas y lo hacemos igual. Le comento. Vale rey, así lo haremos. ¡Gracias guapo! Se despide.

La rubia de rizos perfectos, boca carmín, vestido negro satinado y piernas de vértigo, se acerca, con la camisa de cuello semi-italiano en sus manos que, no lleva botones en el cuello, contradiciendo los gustos de su marido, con una mirada lasciva, sonriendo como lo hacen las mujeres después de haber tenido un orgasmo. ¿Te puedo pagar con tarjeta? Pregunta. ¡Por supuesto! Le comento...





jueves, 23 de julio de 2020


Son las cinco y media de la mañana. El crotoreo de gorriones así me lo indica. Nada más abrir los ojos tu recuerdo viene a mí. Hoy tengo una extraña sensación, me siento incomprendido. Me levanto de la cama y voy directo al cuarto de baño. Hoy también tengo que inclinarme para orinar y no manchar nada. Me meto en la ducha y, al cerrar los ojos mientras el agua me empapa, la conversación que tuvimos anoche, ataca a mis necias neuronas. Es un ataque fugaz y letal. No te puedo sacar de mi mente, estúpida, te has vuelto una terca obsesión.


_¡Encontré una maravilla!

_Tragicomedia americana...

_¡Un "conocido" me dedicó su libro!

_Son dos tomos...

_¿Qué haces? no te entiendo...

_Indago y pienso en voz alta, cariño... ¿Entiendes ahora?

_No, no te entiendo... ¿Cómo me vas a explicar cosas que he vivido, sé y te estoy contando?

_Sólo pienso en voz alta para que veas que me documento en todo lo que me explicas y vives. 


Salgo de la ducha; debería afeitarme y no me apetece. "Hora de levantarse" les comento a los peques. Pongo la cafetera a hervir mientras me lio un cigarrillo. Café con leche y una tostada. Reviso el correo y las citas, y vuelves a mí mente. Tu última conexión fue a las 23.55h. Miro alerta de lluvia y está lloviendo en Valencia. Es obvio que te vas a dar cuenta, como el "Último dodo" la editorial de Martín Zarza. Sé que lo sabes, es obvio, tienes el libro en tus manos pero, me he documentado y te lo hago saber. Aquí también llueve. Imagino que te has dado media vuelta en tu cama. Te veo acurrucada pensando en tus cosas, sabiendo que con la humedad toca doble plancha: se riza. ¡Y yo aquí pensándote! Como un loco esquizofrenico, imaginándote. Muerdo la tostada. La miró. Veo en ella mis dientes marcados y no puedo evitar acordarme de aquella ensaimada. Suspiro. Se apodera de mí el deseo, la lascividad por hacerte mía. Hora de salir a trabajar...

Hace días que no montas en la montaña rusa. 





sábado, 18 de julio de 2020


Lo único que deseo, idiota, es un beso que me haga sentir ahí abajo. Y aquí abajo es donde quiero estar. Para saciar mi sed y sacarle partido a la vida, jugar la gran final y que sólo haya un ganador: TÚ y yo...

En ocasiones, me siento estúpido en el balcón de los sueños imposibles. Otras no. Por eso decidí escribir aquí, en el sótano de mí existencia. Sin ruidos ajenos que perturben mi oscuridad, alimentar a mis monstruos sin jueces vendidos a la insensatez y donde pueda masturbarme a mi parecer.

Llámame necio, pero llámame. Ojalá algún día se convierta en: "Ya(te)mamé".

Un buen libro, cariño, despierta mi imaginación, un ensayo mi opinión y, una poesía, desgarra mi absurda y necia realidad: TÚ, debes de ser toda esa especie de literatura que empapa todo mi ser. Dime, ¿por qué no mezclemos agua con sed?

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