Son las cinco y media de la mañana. El crotoreo de gorriones así me lo indica. Nada más abrir los ojos tu recuerdo viene a mí. Hoy tengo una extraña sensación, me siento incomprendido. Me levanto de la cama y voy directo al cuarto de baño. Hoy también tengo que inclinarme para orinar y no manchar nada. Me meto en la ducha y, al cerrar los ojos mientras el agua me empapa, la conversación que tuvimos anoche, ataca a mis necias neuronas. Es un ataque fugaz y letal. No te puedo sacar de mi mente, estúpida, te has vuelto una terca obsesión.
_¡Encontré una maravilla!
_Tragicomedia americana...
_¡Un "conocido" me dedicó su libro!
_Son dos tomos...
_¿Qué haces? no te entiendo...
_Indago y pienso en voz alta, cariño... ¿Entiendes ahora?
_No, no te entiendo... ¿Cómo me vas a explicar cosas que he vivido, sé y te estoy contando?
_Sólo pienso en voz alta para que veas que me documento en todo lo que me explicas y vives.
Salgo de la ducha; debería afeitarme y no me apetece. "Hora de levantarse" les comento a los peques. Pongo la cafetera a hervir mientras me lio un cigarrillo. Café con leche y una tostada. Reviso el correo y las citas, y vuelves a mí mente. Tu última conexión fue a las 23.55h. Miro alerta de lluvia y está lloviendo en Valencia. Es obvio que te vas a dar cuenta, como el "Último dodo" la editorial de Martín Zarza. Sé que lo sabes, es obvio, tienes el libro en tus manos pero, me he documentado y te lo hago saber. Aquí también llueve. Imagino que te has dado media vuelta en tu cama. Te veo acurrucada pensando en tus cosas, sabiendo que con la humedad toca doble plancha: se riza. ¡Y yo aquí pensándote! Como un loco esquizofrenico, imaginándote. Muerdo la tostada. La miró. Veo en ella mis dientes marcados y no puedo evitar acordarme de aquella ensaimada. Suspiro. Se apodera de mí el deseo, la lascividad por hacerte mía. Hora de salir a trabajar...
Hace días que no montas en la montaña rusa.
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