jueves, 25 de marzo de 2021

Esa noche el cielo brillaba por millones de estrellas. Cada cual con su historia; cada cual con su dicha y misión interestelar. Con su linterna en mano se alejó de la ciudad. Buscó un rincón alejado, cerca de un riachuelo, donde la vegetación era escasa, y así, poder observar, aquel espectáculo sin contaminación lumínica alguna que pudiera transgredir la realidad. Se sentó en un pequeño pilar, que sujetaba una puerta hecha de maderos de una hacienda abandonada. Absorta en aquel espectáculo que le brindaba el universo, encendió su linterna hacia el cielo... ¿Sería posible dar con la estrella que iluminara sus dudas? ¿Daría con aquella sinrazón que le diera sentido a su vida? ¿Existiría aquella revelación por la que valga la pena morir? ¿Es en el caos dónde se puede dar orden a nuestras propias partículas?



De pronto, escuchó un crujido a sus espaldas. Quiso saber de qué se trataba. Era mi espectro. Me acercaba parsimoniosamente hacia ella. La luz de su linterna se reflejaba en mis ojos, dibujando en mi perfil, una imagen dantesca. Ella lo miró impasible; le respondí con una sonrisa, y me senté junto a ella. Seguimos observando aquel espectáculo sin decir ni una sola palabra. Así estuvimos hasta que empezó a romper el alba. Ella apagó su linterna y, entre dientes, dejó escapar un suspiro melancólico. De mi boca, sin apartar la mirada del cielo, con una voz quebrantada, empezaron a brotar necias palabras: "Una región finita del espacio, en cuyo interior, existe una concentración de masa lo suficientemente elevada y densa como para generar un campo gravitatorio, tal que ninguna partícula material, ni siquiera la luz, puede escapar de ella, es eso..."











Pasan los días.

Y continúa soplando este viento del desierto piel adentro. Arrasa con todo dejándolo seco. Sólo respeta tu recuerdo que sigue siendo presencia.


Decido ahogarte en la piscina para que dejes de gritarme tus ansias que son las mías, y lejos de acallarte, tu susurro se torna ensordecedor en el silencio mojado, y resuena el eco atronador del abismo más profundo por todo mí ser.
Me pregunto dónde estarán esas mil cosas que yo tenía en la cabeza antes de TU, porque de verdad que ni el puto Moisés sabría apartar así las aguas, para abrirse camino.

Esto no funciona. Es desesperante. Me voy a casa y te vienes conmigo.
No quiero verte, no quiero encontrarte y sin embargo te busco en cada esquina.
Suena un whatssap, deseo que no seas tú. No eres tú. Que lástima.
Miro si estás en línea, lo estás. Que cerca te siento.
Palpitas conmigo y recuerdo, como no, que vibramos en la misma frecuencia. Y siendo así, esto te habrá dolido tanto o más que a mi. De nuevo estamos sintiendo juntos. Intensamente. Porque somos de esa raza, esa que no sabe hacerlo de otra manera. Te siento.

Me quedo más tranquila. 






sábado, 20 de marzo de 2021

En todo este tiempo aprendí que no sobran silencios, lo que falta es certidumbre y valor para desanudar los hilos de nuestra existencia. Y que, no sirve de nada, recordar fechas exactas, tansolo, saber que existió. Como cuando nuestras conciencias se encontraron y se unieron a través de un hilo invisible. Un hilo de deseo lascivo que nos hizo pensarnos, recreándonos cada vez que lo hacíamos, sin ser conscientes el uno del otro, como lo hacen los cerdos en sus charcos de fango. Ahora estoy seguro, es a eso a lo que se refería René cuándo logró llegar a su conclusión: "Te pienso, luego existió..."


Son muchos los recuerdos que atraviesan por nuestra mente a diario, sí... pero, son aquellos, donde hubo alma, los que se guardan con mayor receleno, aunque nos autodestruyan. ¡Si es que nos esculpimos a fuego y roca! y no hay mayor fuego, que el que se genera al fundir dos almas al calor del deseo; y mayor roca que la que aplasta nuestro cerebro al recordarlo. Nunca tuve mayor certeza. Y no te odio, no... porque no puedo odiar algo que forma parte de mi, tansolo he de aprender a esperar que desanudes los hilos que te atan al pasado, y soñarte en sueños, en una etérea realidad...



P.D: Contigo aprendí que no soy un cuatro, sino un seis. Y que los ochos, a parte de ser infinitos que anudan tus vísceras, son ambiciosos y expertos en materializar las ideas. No como los seis, que son puro amor...







lunes, 8 de marzo de 2021

 En quince días aprendí...

Entendí el oro del tiempo, y qué es ser pirata y conseguir mil tesoros. Aprendí que los ochos son infinitos... cómo los nudos que dejaste en mi estómago. Que no hay más tatuaje que tu mordisco, y desde que me arrancaste la piel, sólo tú me quitas el frío...

Ya comprendí que escapaste de dentro mío, sí... en algún momento me despisté y te perdí: te entiendo... ¡arderá gota! Lo sé... probablemente buscabas la paz. Mutilaste mi infierno. Derrocaste... mi reino. Y ahora tengo frío, si no regresas a mi ser, desapareceré... Tú eres de mi, yo soy de ti, me faltas...y siempre hay que volver de dónde se pertenece. Ya sabemos por qué...

¡Arderá gota! Lo sé... pero no hay paz para nosotros. (Silencio...) Más que nada es sucumbir a nuestro tormento. Dejemos que el ansia nos devore la carne viva. Sólo saltar... ¡saltar sin red!... y caer, caer... Sólo en la caída sabremos de la paz. Debemos morir para continuar con nuestras vidas. Y nos quedarán seis, o cinco, o cuatro, o tres... y claro, un día pisaremos brasas, y... ¿qué? Recordaremos cómo duele el maravilloso infierno que nos crió, el mismo que renunció a ser ceniza, por un minuto más de dolor...





sábado, 6 de marzo de 2021

Respiro...

Respiro cada tibieza en forma de suspiros. Cada gramo de azufre en forma de minusvalía. Cada micro gramo de Radio que me hace fluorescente en las melancólicas noches de mi desvario.


Camino...

Camino irremediablemente hacia su lava, incandescente, que me abraza, a través de su cornisa escarpada a fuego y ceniza, deleitándome en cada grieta de su vieja alma dolorida.

Y salto...

Salto al vacio. El cráter me conduce directamente a su centro gravitatorio, desintegrando cada puto átomo de mi existencia. Produciéndose una implosión, justo ahí, dónde tú ya sabes...