En todo este tiempo aprendí que no sobran silencios, lo que falta es certidumbre y valor para desanudar los hilos de nuestra existencia. Y que, no sirve de nada, recordar fechas exactas, tansolo, saber que existió. Como cuando nuestras conciencias se encontraron y se unieron a través de un hilo invisible. Un hilo de deseo lascivo que nos hizo pensarnos, recreándonos cada vez que lo hacíamos, sin ser conscientes el uno del otro, como lo hacen los cerdos en sus charcos de fango. Ahora estoy seguro, es a eso a lo que se refería René cuándo logró llegar a su conclusión: "Te pienso, luego existió..."
Son muchos los recuerdos que atraviesan por nuestra mente a diario, sí... pero, son aquellos, donde hubo alma, los que se guardan con mayor receleno, aunque nos autodestruyan. ¡Si es que nos esculpimos a fuego y roca! y no hay mayor fuego, que el que se genera al fundir dos almas al calor del deseo; y mayor roca que la que aplasta nuestro cerebro al recordarlo. Nunca tuve mayor certeza. Y no te odio, no... porque no puedo odiar algo que forma parte de mi, tansolo he de aprender a esperar que desanudes los hilos que te atan al pasado, y soñarte en sueños, en una etérea realidad...
P.D: Contigo aprendí que no soy un cuatro, sino un seis. Y que los ochos, a parte de ser infinitos que anudan tus vísceras, son ambiciosos y expertos en materializar las ideas. No como los seis, que son puro amor...

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