Vivido y narrado en primera persona. Cualquier similitud con la realidad, es mera casualidad.
miércoles, 26 de agosto de 2020
Vivimos en un caos permanente. Con rumbo abstracto y certezas etéreas. Unos no tienen patria, como si ser patriota de uno mismo fuese la solución. Otros celebran el 9-N alemán , otros su 1-O catalán, como si el odio y el egoísmo fuese la única manera de comulgar con nuestra existencia.
Pero, a veces, se produce el milagro de que la atracción sentimental supera, con creces, en intensidad a la física. Y te enamoras. Te vuelves adicto. No dejas de pensar y hacer lo posible, para perderte en cualquier rincón de su cuerpo, al que tú llamas hogar, y rezas, para que nadie más vuelva a encontrarte.
¡Pero cuidado! Es una catana de doble filo, ya que, hay recuerdos que te apuñalan, y otros, te acarician. Al igual que hay momentos que duran toda la vida. Y sí, fue un momento, pero la voy a desear sempiternamente.
Yo sí tengo patria.
Mi patria eres tú...
domingo, 23 de agosto de 2020
Una foto suya cayendo con los brazos abiertos, fue la causa de mi derrota. El silencio de mi alma empezaba a dar sus frutos. Empezaba a respirar mejor, aún, teniendo por costumbre, recrearme en el baúl de mis recuerdos de cuando su deseo me pertenecía.
Nunca dejará de sorprenderme, a mi pesar, de cómo se puede desear tanto, en la distancia, a ciegas, a alma abierta... Es entonces cuando dejas de ser tu mismo, al desear así, irracionalmente, para ser un nosotros, con ella, la dueña de mi locura. ¡Vamos, no me jodas! ¿Cómo no puede uno imaginarse ahí abajo, esperándola con los brazos abiertos, si no eres un jodido necio y, loco, poseído por éste desvarío?
Sí, juro que me revelé. Me revelé con todo mi ser. Saqué de nuevo todo lo que callaba desde hacía ya más de siete lunes. Nunca sabré si era lo que esperaba, ni tan siquiera, si se le llegó a mojar el coño, pero de una cosa estoy totalmente seguro. La quiere. La quiere con locura a Yaiza y, eso es lo único que calma mi ira, aunque la envidie, a Yaiza, por tener su amor incondicional, su protección y toda su alma.
Más, hoy por hoy, no puedo decirle nada más a la dueña de mi deseo, cuando ya no espera nada más de mí. Sólo darle infinitos besos desde mi conciencia. Pero, a Yaiza, sí puedo regalarle, desde mi más humilde castidad, ésta hermosa canción...
Otro beso, pequeña gran revolución...
miércoles, 12 de agosto de 2020
Hoy he madrugado. Y llamo madrugar a cualquier discusión con el despertador. He preparodo café. Enciendo el televisor. Mujeres acosadas, otra vez. Asesinadas. Un mar lleno de gente con miedo. Unas fronteras de mierda, unos líderes de mierda, unos principios de mierda. Lo de siempre, vamos. Por ahora. Aparece un anuncio de Dentalitas. No puedo evitar acordarme de mi joven y viejo amigo. Algo loco y necio, pero, me siento tan cómoda estando con él. Tiene temas variopintos. Habla siempre en un tono tan embriagador: la verdad es que lo aprecio muchísimo. Es de aquellos soñadores que dibujan, con una facilidad, constelaciones en noches blancas.
Recuerdo que en su día me habló de su pequeño. Era supernumerario, dientes de más. Me lo contó muy preocupado, no por lo estético que podría resultar parecer una piraña o tiburón, sino, por la intervención quirúrgica que ello conlleva. ¿qué podría yo decir ante tal preocupación? Nada, me limite animarlo: "todo saldrá bien, verás". No dijo palabra alguna, en sus ojos vi un mar a punto de estallar en lágrimas. Respiró hondo. Me devolvió la mirada y esbozó: "¡gracias!". No fué un gracias políticamente correcto, no. Fué un gracias que le salió del alma y, al pronunciarlo vi cómo ese mar de sus ojos desapareció al instante, dando paso a unos ojos de eterna gratitud, con un brillo que bien podría a ver deslumbrado a un topo.
Estos casos y, más a cierta edad, se tienen que tomar con calma. Requiere anastesia general: ¿cómo puede sentirse un padre o una madre al ver que su hijo de 8 años lo van a dejar en un sueño profundo inducido por hipnóticos, analgésicos mayores, relajantes musculares y otras substancias tóxicas que privan de cualquier consciencia humana? ¿y si no la vuelve a recuperar? Ahora comprendo el mar de lágrimas en sus ojos a punto de estallar.
Una noche en la que estaba observando la luna, lo vi aparecer. "¡Chuck!" llamé su atención. "¡Ay, Nastenka! dime..." respondió. Si es que es único hasta para pronunciar mi nombre. Parecía sacado de un libro. Me interesé por su hijo. Tenía visita con el máxilo facial, recomendado, por la buena dentista de su pequeño. Manuel Gorina. "¿qué tal fué la visita con el Dr. Gorina?" pregunté. Y cómo no hubiera que esperar menos de él, me lo explicó con todo detalle.
"Pues verás" comenzó diciendo. "Tenía hora a las 10 de la mañana de hoy, en el Trueta. La Dra. Isabel, dentista de mi hijo, asistió también: noto interés en el caso de mi hijo y eso es de muy agradecer". ¿Cómo no se van a interesar por un caso así? pensé yo. "¡Me desperté sin despertador!" siguió relatando, "cómo de costumbre últimamente". No quise saber el porqué, a veces es más loco de lo normal y sólo me interesaba su hijo en ese momento: quizás otro día le pregunte por qué ya no utiliza, cómo yo, el despertador. Siguió relatando: "de camino al Trueta, iba escuchando la radio. Anda ya el programa matinal de los 40 principales, siempre lo escucho, me acompaña en los trayectos cuándo voy a trabajar, pero hoy me sorprendió un comentario de la presentadora. Veras, los invitados de hoy tenían que acertar el final de una frase de una canción al azar, entre tres posibles soluciones: me gusta mirarte, me excita mirarte o me muero por mirarte, esas eran las posibles respuestas. La invitada contestó me excita mirarte, falló. La respuesta era me gusta mirarte y con gran desilusión comentó la presentadora: que pena, me hubiera gustado más la segunda opción a mi también, es más actual más de hoy. Y pienso yo: ¿en qué se está convirtiendo la vida? ¿qué antes no se excitaba la gente? ¿qué aquel misterio seductor no excita ya? O ¿es que hoy día la libertad de expresión prescinde de sutileza? ¿son las mujeres de hoy menos excitadizas que las de antes? ¿eso es lo que quieren escuchar de un hombre hoy día? Que cosas oye." Verdaderamente está loco este Chuck, pensé. "Llegué al Trueta" continuó explicándome, "aquel edificio tan viejo, me causó respeto, hace más de 20 años que no lo veía, desde que mi padre estuvo ingresado a causa de un infarto provocado por el tabaco. Era imposible aparcar, más de 10 minutos estuve buscando un hueco. Nos dirigimos a la entrada. A lo lejos divisé unas mesas custodiadas por estudiantes de medicina o enfermería. Hoy es el día mundial Antitabaco, estaban cambiando manzanas por cigarrillos." Muy buena idea, le dije, pero déjate de sensaciones Chuck y explícame qué conclusión tuvo el Dr. Gorina. "Voy, voy..." me respondió desilusionado el loco y necio de Chuck.
Me sentí fatal al cortarle de esa manera, pero, me moría de ganas por saber a qué conclusión había llegado respecto a la posible intervención quirúrgica de su hijo. "Lleguemos a la sala de espera" continuó explicando, pero esta vez con tono menos soñador, "allí estaba la Dra. Isabel esperándonos. Pasamos en seguida, no hay nada mejor que ir recomendado o tener padrino, así va el país. Entramos, el Dr. Gorina no estaba solo, con él habían tres personas más, la enfermera y dos licenciados haciendo de interinos en la consulta del Dr. Gorina. Después de las presentaciones y sin dilación le di el disco que contiene el TAC de la boca de mi hijo. Todos observamos al doctor, que a pesar de su juventud, diría 40 y pocos años, tiene una gran experiencia, ya que, todos los casos o accidentes faciales que se producen en la provincia se derivan a él. No son quatro dientes de más, son seis que hay que extraer. Requiere anastesia general. Esta en lista de espera, entre seis y ocho meses. Me dio a firmar el consentimiento, nunca una firma me ha dolido tanto. No es tan difícil, me comentó el Dr. Gorina, es tiempo, no te preocupes por nada, todo irá bien, además la Dra. Isabel estará en la intervención. Yo me encargo de extraer y ella de supervisar para que la dentadura de tu hijo quedé lo más bonita posible. ¿lo más bonita posible? pensé yo, no se trata de una cuestión estética, le dije. Nos miramos y me soltó, yo también soy padre y se a lo que te refieres, todo va a salir bien, te lo aseguro, además es una intervención relativamente sencilla, no tienes de que preocuparte."
Lo ves Chuck, insinué, no hay de que preocuparse. "Gracias" respondió, otra vez con esos ojos de gratitud honesta que tanto me hace quererlo. Nos dimos la vuelta, yo seguí mirando la Luna, el siguió perdido en sus constelaciones. ¡Maldito loco y necio!
jueves, 6 de agosto de 2020
Noviembre había empezado lloviendo día sí, y día también. Pero esa mañana amaneció distinto. En el cielo brillaba un sol radiante. Era jueves y no tenía que madrugar. Aún así, en lo más profundo de su alma, sentía como el pesado plomo de sus últimos treinta y nueve años, le habían convertido en una mujer algo más coherente con sus emociones. Si es que, nos esculpimos a base de plomo y cenizas para darle forma a nuestras alegrías, reflexionaba. Había pasado la noche recordando a su bien querida sobrina y, soñando con su papá. Los adoraba... ¡Eran su delirio! Pero, ese jueves, se juró empezar los cuarenta centrándose, exclusivamente, en lo que le hiciera la vida más fácil. Estaba decidida.
Ese jueves era 22 de noviembre y, cansado de escribir para ella en el aire y esculpir notas en el agua que, antes de nacer ya estaban rotas, decidí organizar un concierto a media mañana en la vieja iglesia en honor a ella. Ésta, había sido reconvertida en un nuevo centro cívico y cultural: El rincón, llevaba de nombre. Deseé que fuera un concierto benéfico. Un concierto de arena y romero. Sí, de arena y romero...Toda la recaudación sería entregada, íntegramente, a la asociación de vecinos del barrio. Vamos, un auténtico desvarío, tal y como el necio irracional que estoy hecho. Aún así, la nueva mujer que se juró ser en sus nuevos y recientes cuarenta años, de no volver jamás a mis brazos, anhelaba asistir al concierto. Sabía que era por, y para ella. Su filantropía no le permitía no asistir.
Vive en un sexto piso. Esa noche también había dormido con su pijama negro, y de encaje. Sabía que era mi preferido. Se afianzó en el alféizar de su ventana a contemplar el magnífico día con que había amanecido. Los mejores regalos no siempre vienen de nuestros congéneres. Ahí, sentada al filo de casi un abismo, mientras una ligera brisa mecía su flequillo abertzale, se lió un cigarrillo mientras tomaba una taza de café. Las alturas no le hacían sentir vértigo, sino, la falta de empatía y las personas vacías. Acabado el cigarrillo, se dispuso a vestirse. Se enfundó en un mini vestido negro de gasa estampado, se subió a unas botas que le llegaban a medio muslo y, entre el final del vestido y el principio de las botas se podía contemplar la blonda de sus blancas medias. Llevaba el pelo recogido y, en el cuello, su nuevo fular que ocultaba su precioso lunar, a juego con el bolso. Brillaba con luz propia. Como siempre lo ha hecho. Solo le faltó declararme la guerra.
Antes de dirigirse al Rincón, con nostalgia, se pasó por el cementerio a felicitarle. La noche anterior había soñado con él y no quiso hacerse más sangre, bastante había sangrado dulcemente ya. Pasó de largo y se dispuso a descender por aquella callejuela que le conducía hacia la vieja iglesia para asistir al concierto benéfico. Fué entonces cuando sus ojos tropezaron de nuevo con los mios. Se nos partió el alma. Ella apartó la vista enseguida y siguió caminando con paso firme y decidido. Yo me tuve que apoyar en una farola para intentar recomponerme. No pudimos evitar sentir la locura de entregarnos de nuevo mutuamente. Ya estábamos acostumbrados. Nos conocemos a la perfección, o eso creíamos. Sabíamos que no estábamos hechos el uno para el otro, pero también que viviríamos deshechos el uno sin el otro. Un rayo nos atravesó el cerebro con estúpidas preguntas: "¿Llevará las bragas puestas?"; "¿Habrá notado que no llevo las bragas puestas?"; "¿Llevará liguero a juego con su nuevo fular?"; "¿Se habrá dado cuenta de que el liguero lo llevo a juego con mi nuevo fular?"; "¿Se le habrá mojado el coño al verme?"; "¿Habrá notado la humedad de mi coño al verle?"; "¿Se dirigirá al concierto?" Y, efectivamente, se dirigía a ese nuevo centro cívico y, cultural. La llamé en un grito mudo. Ella debió escucharlo, ya que se giró con una sonrisa que me pareció una auténtica película porno. Creció un bulto en mi pantalón, a la altura de la polla.
Si es que, solo recordamos lo que nunca ha llegado a suceder. Y, una tarde de tormenta en pleno mes de agosto, dió a luz a un hermoso ángel que se lo estará recordando mientras viva. Le llamó: José.