lunes, 29 de junio de 2020


En antaño, cuando Dios creó la vida, todos gozábamos de la libertad absoluta. Nuestra función era sencilla: Nacer, crecer, reproducirse y morir. Sin miedos ni valores. Lo único que importaba era poder llegar a ver un nuevo amanecer, aunque, sinceramente, tampoco nos quitaba el sueño. La vida fluía armoniosamente a través de las casualidades. Éramos dichosos y, cómo animales que somos, sin ser conscientes de ello.

Envidioso de la gran obra de su eterno rival, el Diablo, quiso joderle el invento. Nos dotó de consciencia y, con ello, la capacidad de razonar. Pasamos a ser una especie de "Ser humanos". Lo cuestionamos todo con preguntas estúpidas y absurdas, sin sentido ni argumento alguno de cualquier cambio que observábamos en nosotros mismos y en el medio dónde íbamos prosperando. Sabiendo, de sobras, que todo acaba cuando morimos.

El Diablo, creyendo que al otorgarnos esa cualidad iba a joder el experimento de su eterno rival, provocó todo lo contrario. Una función tan sencilla como dejar descendencia, iba a convertirse en el mayor de los placeres de "Ser humanos". Nuestra existencia había tomado sentido, o eso creíamos. La promiscuidad nos daba aún más libertad y, aún mejor, al ser conscientes de ello, anhelábamos estar en compañía. Así fue como se fraguó el sentimiento de Amistad. Nos sentíamos vivos.

Dios, ese ser todo poderoso, al ver el resultado obtenido, le dio las gracias y le invitó a unirse a esa bacanal de "Ser humanos" que, sin pretenderlo, había creado (ironía pura y dura, era un poco pícaro ese Dios). El Diablo, ofendido, no pudo aguantar su ira. Se le había torcido completamente su maléfico plan. Entonces comenzó a cavilar. Si de una intención mala he obtenido un resultado buenísimo, haré al revés, pensó y, así obtendré un resultado maléfico. Así lo hizo.

Esta vez nos otorgó buenos sentimientos: compasión, cariño, devoción, fidelidad y ternura. Se sentó en su catre y se limitó a observarnos. Veía como la libertad de la cuál gozábamos se iba resquebrajando. El acto de reproducirse pasó a ser una rivalidad. Quisimos adueñarnos y dominar a nuestros congéneres del sexo opuesto, para poder dejar nuestra descendencia. Se había fraguado un nuevo y letal sentimiento: el Amor. El Diablo se había salido con la suya. Había creado el caos.

Dios, abrumado, empezó a cabilar para poder sacarnos del caos en el que estábamos sumidos. No podía deshacernos de esos buenos sentimientos. Iría contra sus principios. Después de días y noches sin pegar ojo, intentando buscar una solución, se iluminó. ¡Eureka! La hubo encontrado. Creó un duende, el Duende del Olvido. De esa manera, cualquier desengaño amoroso, el duende lo confiscaría y, de esta manera, nos disiparía el camino de la desazón. Y así lo hizo. Funcionaba. Cualquier desengaño amoroso era confiscado y archivado por el Duende del Olvido. Hasta que dio con nosotros: TÚ y yo...

Que sin tocarnos ni mirarnos a los ojos, sin una caricia, vamos, sin un contacto físico. Sólo con nuestras almas, noche tras noche, confiándonos el uno al otro, poniéndonos a prueba y discutiéndonos las verdades, hemos creado un lazo afectivo más profundo de lo normal, más profundo que ni en el mismísimo infinito puede abarcar.

TÚ (en mayúsculas, sí) Nihilista convencida, amante de la verdad emocional, luchadora, reservada, inteligente, con unos valores irreprochables. Pasional...

yo: Un necio...

Invocamos la presencia del Duende del Olvido que, en sus archivos, tiene los más grandes tormentos sufridos por desamor. Acudió. Analizó nuestro desconsuelo y sufrimiento. No pudo evitar llorar. Se preguntó porqué Dios, su jefe, no había creado un duende también para él. Se negó a archivarlo. Me llamó por teléfono. Sí, a mí. Le hubo fascinado mi necedad, o qué se yo...

Me dijo:
"NO DEJES QUE SE VAYA, TEN VALOR."

Y yo le pregunté:
"Por qué no te apiadas de nosotros, so payaso"

Aún no he obtenido respuesta.
































martes, 16 de junio de 2020


Recogiste el paquete con un enjambre de abejas revoloteando dentro de tu estómago. Sabías perfectamente lo que contenía. Tu casualidad de verano podía escuchar, perfectamente, el zumbido que emitía cada átomo de tu cuerpo cada vez que recibes mis noticias más urgentes. Le ordenaste que, con móvil en mano, no perdiese detalle de lo que iba a suceder desde ese preciso instante. No dudó en obedecer. Buen chico. Comenzaste por despojar toda la ropa que oprimía ya tu cuerpo. Entraste al baño directamente a la ducha. Querías estar bien limpia y perfumada para cuando empezara el juego.

Desde el quicio de la puerta del baño, móvil y polla en mano, tu casualidad de verano no perdía detalle tal y como le ordenaste, haciendo honor al infinito entre cuatro paredes que lleva tatuado en su muñeca izquierda. No como yo, que llevo tatuado el infinito en mitad de mi puto cerebro. Tomaste la ducha de mano y le ajustaste el chorro dirigiéndolo directamente hacía tu rico manjar. Abriste la pluma del grifo. El agua helada empezó a acariciarte la pepita del coño. En tus mejillas se dibujó un rojo amapola que hacía morderte el labio inferior. Bajaste un poco más el chorro de agua hasta la altura de tu dulce vagina. Giraste la pluma hacia el agua hirviendo. Ese contraste de temperatura en tu cuerpo provocó que tus pezones se pusieran duros como rocas y, un primer orgasmo. Cerraste el grifo. No deseabas empezar aún el juego, o eso creías.

Completamente desnuda, seguida por el excitado cornudo del cámara y, el paquete recibido en tus manos, fuiste hacia la sala de estar. Sentada en tu sofá abriste el paquete. Era un espejo de mano como bien sabías. Los ojos del cámara casi se salen de sus órbitas al verlo. No hay nada más excitante que la incertidumbre de un cornudo consentido al ver a su esposa sometida a las órdenes de su amante. Cogiste el espejo y lo colocaste encima de la alfombra, esa de tan suave textura que tantas veces te ha visto gozar. Sí, esa. Te pusiste a horcajadas encima del espejo tal como te ordené. Con dos dedos separaste tus labios verticales, para poder observar lo rosado que es tu coño. Por primera vez viste tu clítoris. Es diminuto, duro y sensible. Cómo yo, cuándo no estás a mi lado. Lo acariciaste con sumo cuidado con la yema del dedo anular. No podías liberar los ojos del espejo. Estabas recreándote viendo cómo tu dedo se movía en círculos y empezabas a humedecerte. Dejaste el clítoris por un momento, y deslizaste el dedo hacia la entrada de tu vagina para humedecer la zona con el dulce almíbar que emanaba de tu coño. Poco a poco veías como ese dedo iba entrando en tu interior. Parecías tener algo dentro de ti que chupaba tu empapado dedo. Ni aún hoy no sabes lo que más te gustó, si sentir tu dedo entrando o ver cómo tu coño devoraba el dedo entero. "Fue algo inolvidable. No deseo estar como contigo, con nadie más que contigo" esas fueron tus palabras cuando te pregunté.

Las piernas te comenzaron a flaquear de placer. Tuviste que recostarte en la pared para recuperar el aliento del segundo orgasmo. Eres insaciable. Querías más. Ordenaste al cámara que te trajera un esférico cubito de hielo de la nevera. El cuál, no tardó ni medio minuto en complacerte. Te separaste de la pared. Colocaste el trozo de hielo encima del coño para masturbarte con él. Te dolía el coño de frío. ¿Recuerdas? Acomodaste el culo para poder penetrarlo también. Metías dos dedos en la boca para salivarlos bien, sin dejar de castigarte el coño con ese bendito trozo de hielo y, echando las nalgas hacia atrás, lograste introducirlos por completo en el esfínter. Podías ver, con una mezcla de entusiasmo y lujuria, cómo tus dos manos se encontraban haciéndote gozar nuevamente, como una perra en celo. 

Experimentaste dos orgasmos a la vez. Uno físico y otro mental, ya que, aún antes de correrte, sólo con ver en el espejo cómo castigabas tus orificios de placer, ya te estabas corriendo en tu mente, como yo bien quería...








(Para tu memoria de pez, mi puta)







domingo, 14 de junio de 2020


Siempre existe un punto de inflexión. El mío fue conocerte. Coincidir contigo en aquel bar extrasensorial lubricó todos los engranajes de mi lascivo cerebro. Supongo que desde entonces funciona mejor. Sé que no fue el lugar más apropiado para conocernos, pero así de caprichoso es el destino. Nos separa(ba) un abismo de distancia. El vértigo que sentíamos era un chute de adrenalina que activa(ba) nuestra valentía. Nos hacía querer ser gladiadores.

Noche tras noche, letra tras letra, tu gata iba descubriendo un mundo nuevo dónde los sueños se hacían realidad, y la realidad, con el paso de los días, se ha convertido en papel mojado. Sí, todos tenemos dentro, pero que muy adentro, un folio en blanco dónde, a veces, sólo a veces, dejamos redactar los mejores y más asesinos sentimientos. Muy pocas son las personas, que sin tener la llave, se adentran hasta lo más profundo de nuestro ser y consiguen redactarlos. Sí, siempre hay necios, que por querer escribir su mejor novela, pecan de humildad y la cagan. Pero la realidad, cariño, es que sólo quería hacer de ti la más puta de las mujeres. Pero no una simple puta, si no, mi puta más fiel.

Mi necia sencillez hizo dudar a tu salvaje gata. Esta(bas) dispuesta a saltar al vacío, abrazarte a mis alas y volar conmigo al infinito deseo. Te encanta(ba) mi pluma. Lo sé. Si crees que estoy equivocado, pregúntale a la humedad de tu coño cada vez que te acuerdas de mí. Tu avispado escepticismo quiso comprobar mi resistencia. Y, ¡Me pusiste a prueba! La misma que suspendí sin reválida. Tenías mis dos oídos abstraídos en tí, pero decidiste hablarme sólo a uno. Al principio no hice caso de tu voz, ¿Recuerdas? Fuiste dura en tu empeño por deshuesarme. Quisiste cerciorar la duda que te quema(ba) por dentro. Esa misma insistencia, por comprobar si mi resistencia era lo suficientemente fuerte para acabar de entregarte a mí, fue la que acabó delatando tus estúpidas intenciones. Me quede en blanco. Pensé, tal vez no lo más correcto, dejarte seguir a ver adónde llegabas. Tuvimos una conversación de los más seductora, mientras que yo te volvía a repetir que me contaras tus inquietudes, tus dudas y cualquier cosa que pudiera llegar a separarnos. Pero tú, testaruda, restándole importancia a mis súplicas, decidiste sangrar dulcemente. Quise decírtelo. Quise sanar tu herida. Debí volverte a la realidad de los sueños. Pero no, no supe hacerlo amor, y suspendí la prueba.

Desde entonces vivo sempiterna(mente) en un vacío interior, desquiciado y desolado, cada vez que te llamo a voces y no regresas a mi lado...















viernes, 12 de junio de 2020


Cuando la necesidad es un vicio.

Cuando el instinto es consciente.

Cuando la noche se vuelve día.

Cuando un "mejor" , destripa.

Cuando un bufido disipa las nubes.

Cuando la duda son certezas.

Cuando la cordura es estar loco.

Cuando un chorizo atraílla abismos.

Cuando dejar de fumar no es la mejor opción.

Cuando los celos denotan confianza.

Cuando la espesor se diluye.

Cuando un ibérico supera las clochinas.

Cuando se despierta "pollito".

Cuando se pone las botas y, "¡sorpresa!".

¡La distancia, te acerca!





jueves, 11 de junio de 2020


Almas desnudas.

Secretos compartidos.

Un adiós forzado, en noche de luna llena.

Amanece demasiado temprano.

Torpeza. Y la uña se lastima.

En ayunas y, directo a la montaña rusa.

Hambre, ensaimada, mordisco y deseo.

Manos temblorosas; locura compartida.

Ciego de palabras; mudo en mis pupilas.

Que te lo diga la música. Yo no puedo...




martes, 9 de junio de 2020


Siempre he soñado con vivir en una nube. Dónde el tiempo se detenga y no pasen las horas. Ver pasar mi vida en fotogramas por delante de mis narices y no tener que preguntarme por mi existencia. En la razón se confunden las cosas. Creí tenerlo todo y no necesitar nada más, pero no es así. Necesito de tí. Necesito de mí. Dentro de mi alma hay una luz apagada. Estoy atrapado en un bucle oscuro del que no puedo salir. Trabajar, ahorrar e invertir.

Yo amo la locura y la sin razón. Es la que ilumina mis entrañas soñadoras, y permite desplegar mis alas. Creces cada noche como una nube de tormenta en un mes de mayo dentro de mí, y mueres al salir el sol. No me importa el nombre que te den los meteorólogos. No me importa, en absoluto, la forma en la que te quieran catalogar. Sólo me interesa cómo te has formado dentro de mí y la lluvia y la luz con la que has empapado mi ser.

Quisiera secarme nunca de tí. Pasar toda la vida encandilado con tu luz, y nunca más volver a necesitar del Sol. Convertirme en el rayo que atraviesa cada puta molécula de tu voluptuoso cuerpo. Ser yo quién te haga rugir. Te prometo, cariño, que si con sólo gritar se me pasara esta desesperación que me aflige, por no poder empaparme de tí, lo haría eternamente. Hasta un sordo los escucharía y un ciego los vería.

¿Los escuchas tú, idiota?




lunes, 8 de junio de 2020


Son cinco los sentidos sensoriales, eso dice la ciencia empírica. Pues, yo creo, que se han olvidado del más importante: la empatía. Éste sentido es la mayor virtud que la vida nos ha regalado y, más humanos nos hace. Nadie debería intentar deshacerse de él, por mucho sufrimiento que nos pueda causar al utilizarlo.

¿Alguien ha sentido qué siente un invidente al querer ver y no poder?

Sí, decidme... ¿Qué impotencia siente el teniente al querer escuchar?

¿Qué siente una persona anosmia al querer olfatear?

¿Qué siente una persona ageusia al querer degustar?

O, el que tiene el sistema somatosensioral pifiado y, desea sentir el roce en tu piel...

Pues eso es lo que siento cada mañana al despertar, después de una larga fría noche sin tí. Queriendo y, sin poder. Porque, si no piensas volver, se más humana e intenta convencerme de que nunca has estado aquí.







domingo, 7 de junio de 2020


A kilómetros de tí estoy.
Solloza mi alma por despertar.
Suplicando compasión.
Oscura la noche sin tu luz.
Me interiorizo a ciegas suplicando piedad.
A kilómetros de ti estoy.
Sin poder despertar.

El deseo se apodera de mí y no estas.
El egoísmo es mi verdugo.
Esperando en paginas vacías
ya que de mi cajita, no te pude sacar.
Mi egoísmo es el verdugo.
La distancia mi sufrir.
Éstas letras mi saciedad.

Quiero pensarte feliz.
Sonriente...
Aunque hoy no me lo puedas comunicar.
¡Seré bobo!
¡No puedo exigir cuando mío es tu sentir! Miénteme...
Y dime que no te acordaste de mi.

Sigo esperando.
23.12 horas y paginas vacías.
Cómo puedo decir lo mucho que te deseo.
Lo que despiertas en mí.
Lo mucho que te extraño.
Sin que lo pongas en tela de juicio.
No dudes de que sea así, estúpida...

Ojalá dónde estés, llegue una brisa pasajera.
Te parta la boca a besos.
Acaricie tu alma y te sientas mía.
Dónde quieras que estes.
Ojalá miraras esta noche las estrellas
y vieras dibujadas en ellas un:
¡TE DESEO!

Mi egoísmo; mi verdugo.
Mi distancia; mi sufrir.
Mis letras; mi saciedad.
Mi deseo; tu libertad.













(No tardes en volver...)





sábado, 6 de junio de 2020

Estimados Reyes "Majos".

Me dirijo a ustedes con un propósito muy claro y sencillo, pues vereis:

Desde hace poco más de un mes, he estado conociendo a unas de las personas más entrañales y bondadosas que el destino ha querido mostrarme. La nostalgia de haber perdido a su padre (en el que ella se refleja tanto) ha hecho que, desde mi humilde y más sincera necia intención, ser yo quién intente verter algo de luz a esos días oscuros en que aveces despertamos. Con ello no pretendo sustituir a su gran pilar de esta vida (su padre). Ni tan siquiera aproximarme. Pero sí. Voy a ser yo quién le robe una leve sonrisa ante mis mosqueos inducidos por su dulce aguijon. Sí, voy a ser yo quién desde mis deseos y, sabiéndo de los suyos, quién le arrope cada noche. Por ello me dirijo a ustedes, Majestades....

Ha soñado tantas veces con ello
Que ha perdido la fe.
Ha llorado tanto
Que sus mejillas son la nueva Venecia.
Ha creído tanto
Que duda ya de su credibilidad.
Ha sufrido tanto
Que lo mejor le esta por llegar...

Pues eso... ¡Meteros por dónde os quepa, muy señores honorables Reyes "Majos", vuestras buenas y mágicas intenciones! Que, aquí un loco inconsciente, va a cumplir su sueño, secar sus lágrimas y navegar por sus húmedas mejillas (que tanto me gustan cuándo se enrojecen) y ya, ya me encargo yo. Voy a ser yo... ¡Quién le devuelva la ilusión de creer nuevamente en la magia!

Para tí, mi pequeña. ¡Tu anhelada amarilla bicicleta!




(Espero que sea de tu agrado...)