Una foto suya cayendo con los brazos abiertos, fue la causa de mi derrota. El silencio de mi alma empezaba a dar sus frutos. Empezaba a respirar mejor, aún, teniendo por costumbre, recrearme en el baúl de mis recuerdos de cuando su deseo me pertenecía.
Nunca dejará de sorprenderme, a mi pesar, de cómo se puede desear tanto, en la distancia, a ciegas, a alma abierta... Es entonces cuando dejas de ser tu mismo, al desear así, irracionalmente, para ser un nosotros, con ella, la dueña de mi locura. ¡Vamos, no me jodas! ¿Cómo no puede uno imaginarse ahí abajo, esperándola con los brazos abiertos, si no eres un jodido necio y, loco, poseído por éste desvarío?
Sí, juro que me revelé. Me revelé con todo mi ser. Saqué de nuevo todo lo que callaba desde hacía ya más de siete lunes. Nunca sabré si era lo que esperaba, ni tan siquiera, si se le llegó a mojar el coño, pero de una cosa estoy totalmente seguro. La quiere. La quiere con locura a Yaiza y, eso es lo único que calma mi ira, aunque la envidie, a Yaiza, por tener su amor incondicional, su protección y toda su alma.
Más, hoy por hoy, no puedo decirle nada más a la dueña de mi deseo, cuando ya no espera nada más de mí. Sólo darle infinitos besos desde mi conciencia. Pero, a Yaiza, sí puedo regalarle, desde mi más humilde castidad, ésta hermosa canción...
Otro beso, pequeña gran revolución...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.