miércoles, 12 de agosto de 2020

 

Hoy he madrugado. Y llamo madrugar a cualquier discusión con el despertador. He preparodo café. Enciendo el televisor. Mujeres acosadas, otra vez. Asesinadas. Un mar lleno de gente con miedo. Unas fronteras de mierda, unos líderes de mierda, unos principios de mierda. Lo de siempre, vamos. Por ahora. Aparece un anuncio de Dentalitas. No puedo evitar acordarme de mi joven y viejo amigo. Algo loco y necio, pero, me siento tan cómoda estando con él. Tiene temas variopintos. Habla siempre en un tono tan embriagador: la verdad es que lo aprecio muchísimo. Es de aquellos soñadores que dibujan, con una facilidad, constelaciones en noches blancas.

Recuerdo que en su día me habló de su pequeño. Era supernumerario, dientes de más. Me lo contó muy preocupado, no por lo estético que podría resultar parecer una piraña o tiburón, sino, por la intervención quirúrgica que ello conlleva. ¿qué podría yo decir ante tal preocupación? Nada, me limite animarlo: "todo saldrá bien, verás". No dijo palabra alguna, en sus ojos vi un mar a punto de estallar en lágrimas. Respiró hondo. Me devolvió la mirada y esbozó: "¡gracias!". No fué un gracias políticamente correcto, no. Fué un gracias que le salió del alma y, al pronunciarlo vi cómo ese mar de sus ojos desapareció al instante, dando paso a unos ojos de eterna gratitud, con un brillo que bien podría a ver deslumbrado a un topo.

Estos casos y, más a cierta edad, se tienen que tomar con calma. Requiere anastesia general: ¿cómo puede sentirse un padre o una madre al ver que su hijo de 8 años lo van a dejar en un sueño profundo inducido por hipnóticos, analgésicos mayores, relajantes musculares y otras substancias tóxicas que privan de cualquier consciencia humana? ¿y si no la vuelve a recuperar? Ahora comprendo el mar de lágrimas en sus ojos a punto de estallar.

Una noche en la que estaba observando la luna, lo vi aparecer. "¡Chuck!" llamé su atención. "¡Ay, Nastenka! dime..." respondió. Si es que es único hasta para pronunciar mi nombre. Parecía sacado de un libro. Me interesé por su hijo. Tenía visita con el máxilo facial, recomendado, por la buena dentista de su pequeño. Manuel Gorina. "¿qué tal fué la visita con el Dr. Gorina?" pregunté. Y cómo no hubiera que esperar menos de él, me lo explicó con todo detalle.

"Pues verás" comenzó diciendo. "Tenía hora a las 10 de la mañana de hoy, en el Trueta. La Dra. Isabel, dentista de mi hijo, asistió también: noto interés en el caso de mi hijo y eso es de muy agradecer". ¿Cómo no se van a interesar por un caso así? pensé yo. "¡Me desperté sin despertador!" siguió relatando, "cómo de costumbre últimamente". No quise saber el porqué, a veces es más loco de lo normal y sólo me interesaba su hijo en ese momento: quizás otro día le pregunte por qué ya no utiliza, cómo yo, el despertador. Siguió relatando: "de camino al Trueta, iba escuchando la radio. Anda ya el programa matinal de los 40 principales, siempre lo escucho, me acompaña en los trayectos cuándo voy a trabajar, pero hoy me sorprendió un comentario de la presentadora. Veras, los invitados de hoy tenían que acertar el final de una frase de una canción al azar, entre tres posibles soluciones: me gusta mirarte, me excita mirarte o me muero por mirarte, esas eran las posibles respuestas. La invitada contestó me excita mirarte, falló. La respuesta era me gusta mirarte y con gran desilusión comentó la presentadora: que pena, me hubiera gustado más la segunda opción a mi también, es más actual más de hoy. Y pienso yo: ¿en qué se está convirtiendo la vida? ¿qué antes no se excitaba la gente? ¿qué aquel misterio seductor no excita ya? O ¿es que hoy día la libertad de expresión prescinde de sutileza? ¿son las mujeres de hoy menos excitadizas que las de antes? ¿eso es lo que quieren escuchar de un hombre hoy día? Que cosas oye." Verdaderamente está loco este Chuck, pensé. "Llegué al Trueta" continuó explicándome, "aquel edificio tan viejo, me causó respeto, hace más de 20 años que no lo veía, desde que mi padre estuvo ingresado a causa de un infarto provocado por el tabaco. Era imposible aparcar, más de 10 minutos estuve buscando un hueco. Nos dirigimos a la entrada. A lo lejos divisé unas mesas custodiadas por estudiantes de medicina o enfermería. Hoy es el día mundial Antitabaco, estaban cambiando manzanas por cigarrillos." Muy buena idea, le dije, pero déjate de sensaciones Chuck y explícame qué conclusión tuvo el Dr. Gorina. "Voy, voy..." me respondió desilusionado el loco y necio de Chuck.

Me sentí fatal al cortarle de esa manera, pero, me moría de ganas por saber a qué conclusión había llegado respecto a la posible intervención quirúrgica de su hijo. "Lleguemos a la sala de espera" continuó explicando, pero esta vez con tono menos soñador, "allí estaba la Dra. Isabel esperándonos. Pasamos en seguida, no hay nada mejor que ir recomendado o tener padrino, así va el país. Entramos, el Dr. Gorina no estaba solo, con él habían tres personas más, la enfermera y dos licenciados haciendo de interinos en la consulta del Dr. Gorina. Después de las presentaciones y sin dilación le di el disco que contiene el TAC de la boca de mi hijo. Todos observamos al doctor, que a pesar de su juventud, diría 40 y pocos años, tiene una gran experiencia, ya que, todos los casos o accidentes faciales que se producen en la provincia se derivan a él. No son quatro dientes de más, son seis que hay que extraer. Requiere anastesia general. Esta en lista de espera, entre seis y ocho meses. Me dio a firmar el consentimiento, nunca una firma me ha dolido tanto. No es tan difícil, me comentó el Dr. Gorina, es tiempo, no te preocupes por nada, todo irá bien, además la Dra. Isabel estará en la intervención. Yo me encargo de extraer y ella de supervisar para que la dentadura de tu hijo quedé lo más bonita posible. ¿lo más bonita posible? pensé yo, no se trata de una cuestión estética, le dije. Nos miramos y me soltó, yo también soy padre y se a lo que te refieres, todo va a salir bien, te lo aseguro, además es una intervención relativamente sencilla, no tienes de que preocuparte."

Lo ves Chuck, insinué, no hay de que preocuparse. "Gracias" respondió, otra vez con esos ojos de gratitud honesta que tanto me hace quererlo. Nos dimos la vuelta, yo seguí mirando la Luna, el siguió perdido en sus constelaciones. ¡Maldito loco y necio!










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