domingo, 11 de octubre de 2020


Nunca dejará de sorprenderme como el azar redirije nuestras vidas. No se trata de intentar responder nuestras dudas existenciales, sino, de saber aprovechar las respuestas que nos ofrece el destino. 

Recuerdo, perfectamente, cuando me dio la espalda sin un adiós forzado. No supe si mirarle la coleta o el culo. ¡Qué culo, dios! Pero, aún así, hizo que me sintiera como el niño que se quedó esperando a sus padres a la salida del colegio y nunca nadie fue a buscarlo y, como el tuerto al que nunca le preguntaron si se siente rey en un mundo de ciegos. Sé que cada uno siente las emociones según su edad y yo, siempre he sido un necio bebé. Me escondí detrás de una cortina de humo con el corazón roto. Aprendí a recrearme en el amor del desamor llorando en letras y, fue la única manera, de volver a bombear sangre a mi destrozado corazón. Aprendí que la felicidad no depende de terceras personas pero sí, que la empatia hacia terceras personas, te hace querer ser feliz. La empatia es una bendición del alma humana.



Por eso no voy a olvidarte nunca... 



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.