Cuando miro la Luna no la veo. Bueno, sí... la veo, pero lo qué percibo es su pasado: su espectro. Puedo ver la luz que llega hasta mí, pero, si la Luna dejara de brillar, todavía la vería durante dos minutos más. Como si estuviera soñando despierto. Pues contigo me pasa igual...
Aquí estás. Paseando de mi mano. Con tus nuevos pantalones grises y tu escote invitándome a hundirme en él. Estiro mi mano para zambullirme. Desapareces...
Camino entre la multitud. Te veo avanzar hacia mí, regalándome tu sonrisa más bonita, con paso decidido y tu vestido estampado al vuelo. (Hice trampas, la tramontana está de mi lado: negro y de encaje). Me faltan piernas para ir a tu encuentro. Desapareces...
Sentado en tu sofá. En mi sitio. Sintiendo tus ansias por tener el mejor orgasmo que nunca has llegado a tener. Me acerco a ti para susurrarte la suerte que tengo por tenerte conmigo. Desapareces...
Sé que vas a estar tomando el sol. Me corro...
Si es que a veces dudo, mi niña... de si mi vida sin ti es un sueño o si el sueño contigo es la realidad...
Pero de una cosa estoy seguro: no hay mayor realidad que la de un beso. Porque cuando nos besamos, acortamos tanto la distancia, que ya sólo existe el presente. Y es en el presente dónde sólo existe la realidad.
Otro beso...
Si es que a veces dudo, mi niña... de si mi vida sin ti es un sueño o si el sueño contigo es la realidad...
Pero de una cosa estoy seguro: no hay mayor realidad que la de un beso. Porque cuando nos besamos, acortamos tanto la distancia, que ya sólo existe el presente. Y es en el presente dónde sólo existe la realidad.
Otro beso...
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